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Capitulo 8 de Trilogía Christalidah: Mundos Paralelos

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Capitulo 8 de Trilogía Christalidah: Mundos Paralelos

Mensaje por Leiram el Vie Abr 08, 2011 4:04 pm

Capitulo 8
Samara
- ¿Qué pasó? ¿cómo te fue? – dijo Gustav exasperado.
- Bien, él me creyó y está dispuesto a ayudarnos. – dije recordando los besos que me dio.
- ¿En serio? ¿qué hiciste? – nada, solo duramos prácticamente una hora besándonos – fui gentil.
- ¿De verdad aceptó? – dijo Tadhilei acercándose a mí.
- Si, dijo que no había problema y yo le dije que volveríamos mañana.
- Wao, hiciste magia. – dijo Debbie y todos nos reímos al unísono.
- Entonces creo que es hora de irnos. – Gustav nos miró a todos y se encamino a la puerta.
- Ok, nos vemos mañana Tadhilei – la abracé.
- Cuídense chicos. – nos dijo desde la puerta de su casa.

Esto es un sueño, estoy soñando, no puedo creer lo que pasó, él me besó, me dijo que era hermosa, que estaría pensando en mi.
- ¿Cariño tienes un momento? – dijo mi madre sentándose en mi cama, desde que llegamos me fui a la cama, todo en lo que podía pensar era en Eícos.
- Claro mamá. – dije saliendo de mi ensoñación.
- ¿Cómo te está yendo en la escuela? – dijo tristemente, no te preocupes mamá todo va a volver a la normalidad, pensé.
- Bien, todos son muy amables con nosotros, no tienes de que preocuparte. – le sonreí.
- Y les va a ir mejor con la profesora dándoles tutoría, es muy amable de su parte, quiero que les diga que todos la invitamos a cenar. –
- Ok. –
- ¿Ya cenaste? –
- No, no tengo hambre, es que la profesora nos dio unos aperitivos. –
- Ok, pues buenas noches cariño. – me dio un beso en la frente y empezó a caminar hacia la puerta.
- Mamá, yo estoy bien, me estoy adaptando, trata de hacerlo tú también. –
- No te preocupes cariño. –
- Te amo. –
- Yo también. –
Desperté, eran las dos de la madrugada y no podía pegar el ojo, estaba inquieta, ansiosa y sabía lo único que me calmaría.

Él estaba sentado en un sillón detrás de un escritorio, en una habitación parecida a la que usaba mi madre en el palacio, pero más pequeña.
Levantó la vista y me vio.
Mostró la sonrisa más encantadora del mundo. – Hola – se levantó de la silla y salió a mi encuentro.
- Hola, ¿cómo estás? –
- Ahora mucho mejor. – dijo alzándome en sus brazos y dándome un pequeño beso en los labios.
- ¿Y qué hacías? –
- Nada, solo estaba buscando las cuentas que tengo que ir a pagar, yo soy algo así como el mensajero o el asistente de mi tío. –
- ¿Entonces vas a salir? – le dije decepcionada.
- Sí, pero tú vienes conmigo. –dijo sonriendo- Espera, me dijiste que ibas a venir en cinco días de mi mundo, ¿estás sola? –
- Si, en casa todavía es de noche, y yo no podía esperar a que amaneciera, ir a la escuela, para después verte, y además no iba a estar sola. – pero ¿qué hago?, mira que contarle de mi desesperación, ha de pensar que estoy loca, que soy una acosadora.
- No te imaginas como han sido estas veinte y cuatro horas para mí – me atrajo hacia él y me besó, fue un beso con lujuria, con necesidad, abandonó mis labios y se fue a mi cuello, de allí subió a mi oreja y susurró:
- No sé por qué no puedo dejar de pensar en ti, te necesito tanto. –
- Yo también. –
- Ya que esta no es una visita de aprendizaje, podemos disfrutar el tiempo que tenemos, ven conmigo. – me tomó de la mano y me llevó hacia la puerta - Aunque creo que para que pases desapercibida es mejor comparte algo de ropa. – dijo mirando mi cuerpo.
- Sí, creo que tienes razón. –
- Entonces vamos, hay una tienda a cuatro cuadras de aquí. –
Nos atendió una chica con una sonrisa hermosa, Eícos fue muy amable todo el tiempo, me compró unos pantalones parecidos a los que levaba la chica y una blusa de algodón rosa, y unos extraños zapatos de tela, blancos con corazones rosa, azul y verde, él los llamó Convers, eran muy lindos.
- Estas preciosa – me dijo tomándome de la mano mientras salíamos de la tienda - ¿por qué no dejaste que te comprara más? No importa el dinero. –
- No me hubiera sentido cómoda. – me sonrió.
- ¿Qué quieres hacer? –
- Podemos hablar. –
- Claro. – inquirió en tono serio.
- ¿Podemos ir…. no sé, a tu casa? Es que todas estas cosas me ponen nerviosa. – dije tímidamente mirando el paisaje a mi alrededor.
- Te entiendo. Vamos. –


Llegamos a su casa e inmediatamente subimos a su dormitorio.
- ¿No tenias que hacer algo para tu tío?-
- Lo haré más tarde, ahora lo más importante eres tú. –
- ¿Por qué no vives con tus padres? – le pregunté sentada a su lado en la cama.
Él me miró a los ojos – Mis padres me castigaron. – tenía una mueca en la cara, como de decepción.
- ¿Por qué? – le dije tomándole la mano.
- Porque estoy indeciso, no sé qué hacer con mi vida y me dieron un ultimátum, quieren que vea cómo se siente ganarse la vida, aunque no es tal cual, solo ayudo a mi tío, ellos aun se preocupan por mí, tengo que pasar un año aquí y tomar una decisión sobre que quiero hacer, si no se acaban lo lujos, eso me dijeron. –
- ¿Y por qué no sabes qué hacer con tu vida? –
- No lo sé, de verdad que no, es que siento que nada de lo que se supone que debe hacer una persona para vivir me gusta. –
Vi en sus ojos que eso lo entristecía, así que decidí cambiar de tema - ¿Quieres aprende un truco? –
- Si. – dijo iluminándosele los ojos.
- Ok, respira profundo, cierra los ojos, siente la magia fluir dentro de ti, ahora quiero que pienses en un objeto que está aquí con nosotros, algo que quisieras tener ahora contigo, imagínate que está en tus manos, extiende las manos y atráelo hacia ti. –
- ¡No puede ser! ¿Cómo lo hiciste? – dijo al ver que tenía unas llaves en las manos.
- Yo no lo hice, lo hiciste tú. –
- Son las llaves de mi moto. –
- Tienes la magia dentro de ti Eícos, solo tienes que confiar en ella. –
- ¿Y por qué no la tenía antes? –
- Siempre ha estado dentro de ti, solo que nunca tuviste la urgencia de usarla, por eso no sabías que la tenias.
- ¿Quieres aprender otra cosa? -
- Si. –
- Es un conjuro.
- Ok.
- Te voy a ensenar como nos comunicamos a larga distancia en mi mundo.
Así pasamos un buen rato, riéndonos, usando magia, fue maravilloso, nunca me sentí así con nadie, con el podía ser yo, sin miedos ni mascaras, solo yo y nadie más.
- ¿Tienes hermanos? –
- Sí, tengo cuatro.
- ¿Y tú?
- No. Mi padre murió el día de mi nacimiento y mi madre no volvió a casarse.
- Lo siento.
- No es nada.
- ¿Y cómo murió?
- Una emboscada, el estaba en una conferencia a dos horas del castillo , se dirigía hacia mi madre, yo estaba naciendo.
- Lo siento mucho. Háblame de Christalidah, ¿ cómo es?
- Es muy diferente a aquí, allá todo funciona con magia, todo lo hacemos a través de la magia y tiene unos paisajes impresionantes.
- ¿Cuándo voy a ir?
- Cuando sepas usar la magia, no es que estemos planeando presentarte a todo el mundo, tú tienes que ser un secreto, eres nuestra única esperanza y debemos mantenerte oculto de Kardian, pero alguien puede verte, así que si eso ocurre no quiero que estés indefenso.
- ¿Por qué no puedes enseñarme solo tú? ¿Por qué tienen que venir los demás?
- Yo no soy una waihkhithecs completa, ni siquiera he llegado al nivel 12, así que no lo sé todo, ellos pueden aportar en algo que se me olvide y viceversa, además ellos no me dejarían venir sola, a pesar de que son mis amigos y me quieren mucho yo sé que también sienten responsabilidad porque soy la princesa, la primera en la línea al trono, ellos creen que es su obligación cuidarme.-
Hubo un silencio enorme en el cuarto.
- ¿Por qué me miras así?-
- Es que estaba procesando que eres una princesa, de verdad lo eres, aquí hablar con una princesa no es nada común. Dime algo, ¿en tu mundo toman muy en serio lo de las diferencia de edad, un chico mayor de 18 puede salir con una menor? Porque en mi mundo si los padres no están de acuerdo hay problemas.-
Solté una carcajada.
- Es igual allá.
- Oh, entonces estoy en problemas, aquí y allá.-
- ¿Por qué?-
- Tienes 17 años Samara, yo tengo 21, son 4 años de diferencia.

- ¿Y qué? Nadie está en contra.

- Porque nadie lo sabe.

- Bueno, pues cuando se enteren haremos todo lo posible para que estén de acuerdo.
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