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Cora Y...

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Cora Y...

Mensaje por dracanea el Sáb Dic 08, 2012 4:50 pm

Sinopsis

Una mala situacion, un mal momento. En un futuro donde los Puristas intentan mantener la raza humana limpia y lejos de esos seres del demonio, Cora debe decidir si se casara con el amor de su vida o lo dejara por uno de esos seres que la quiere solo para humillarla y maltratarla, la respuesta puede parecer facil ¿no? pero si te digo que su mejor amiga padece una enfermedad terminal que la matara en unas semanas y que el unico que puede salavarla es quien va a hacer de la vida de Cora un infierno ¿que decidiriais ahora?


CAPITULO 1
—Cálmate — dijo Eric mientras veía como Ren desgastaba el suelo del despacho — ya sabíamos que iba a negarse a colaborar.
— Una cosa es que no quiera colaborar, y otra es que nos haya dejado en ridículo delante de todo el mundo — contesto con rabia.
—Tampoco exageres, no era tanta gente, unos cuantos humanos Puristas —trato de calmar Eric.
—Precisamente, nos ha utilizado, ha quedado como un incondicional de la causa y gracias a nosotros — dijo dando la espalda a Eric mientras miraba por la ventana de su despacho en lo más alto del rascacielos.
Eric se lo quedo mirando, ciertamente tenía razón, Dan Walker se había aprovechado de la buena voluntad de Ren y sabía que éste estaba haciendo grandes esfuerzos por no ir a su casa a arrancarle la yugular, bien pensado, la razón que lo frenaba era que si lo mataba ahora lo convertiría en un mártir para su causa.
—Encontraremos la forma de vengarnos — dijo Eric rompiendo el silencio incomodo que se había creado.
Ren se giro y lo miro con esos ojos medio rasgados que provenían de la rama asiática de su familia, poco a poco una sonrisa se fue formando en su rostro, no una sonrisa de alegría, sino una sonrisa de victoria.
—¿Qué se te ha ocurrido? —pregunto Eric intrigado por el cambio de actitud de su amigo.
—Creo que ya se cómo voy a arremeter contra él… voy a quitarle su trofeo más preciado y lo voy a romper en mil pedazos.
—No te sigo.
—Si piensas en Dan Walker ¿Qué imagen se te viene a la cabeza?
Eric se quedo pensando intentando seguir los pensamientos de su amigo pero no encontraba sentido a sus palabras.
—No sé…él hablando desde un atril…con una de sus camisas horribles…acompañado de esa chica que nunca habla y es tan seria…
Ren sonrió.
—¿Te refieres a la chica? — preguntó sorprendido Eric.
—Se llama Cora Daniels y es su prometida, se casan en dos semanas.
Eric abrió la boca casi desencajando su mandíbula, de todas las ideas absurdas que se le habían pasado por la cabeza ninguna igualaba a la de secuestrar a una joven que, por la pinta que tenia, se moriría con tan solo ser tocada por uno de su especie.
—No pienso permitirte que secuestres a esa chica y…
—¿Quién ha hablado de secuestro? —pregunto Ren interrumpiendo a Eric —mi idea es que ella lo deje voluntariamente.
Eric se quedo callado un segundo y comenzó a reírse pensando que era una broma, pero al ver la cara seria de Ren se detuvo en seco.
—¿Hablas en serio? —pregunto Eric confundido.
—Por supuesto.
—Se puede saber en qué universo paralelo una mojigata aceptaría dejar a su prometido, el cual está muy bien aprovisionado económicamente, para irse contigo y dejar que la “rompas” como tienes pensado?
Ren se quedo mirándolo muy serio, puede que su plan tuviera algunos fallos pero esperaba un poco de apoyo por parte de Eric.
—¿Cómo piensas seducirla con tan poco tiempo? —pregunto finalmente Eric.
—No voy a seducirla, no creo que sea ese tipo de mujer, sino Dan no la hubiera elegido a ella, pero los informes de mis investigadores dicen que ella va cada día al hospital, sin importar el tiempo que haga o la hora que sea, y visita a una joven. Por ahí creo que podemos sacar algo.
—Bueno, eso me suena más coherente — dijo Eric para el agrado de Ren —¿a quién visita exactamente?
Ren saco su móvil y llamo a uno de sus investigadores pidiéndole esa información.
—Ahora mismo nos la manda— contesto Ren casi al tiempo que el fax empezaba a imprimir el informe que acababa de pedir.
Ren lo cogió y lo leyó bajo la atenta mirada de Eric quien aguardaba en silencio esperando una respuesta.
— Parece ser que la señorita Daniels visita a Tara Donalson, la hija de su nana, se criaron juntas y al hacerse mayor entro al servicio de la familia. Hace unos meses le diagnosticaron una enfermedad terminal.
—Vaya, pobre chica, toda la vida sirviendo para morir tan joven ¿y porque esto puede convencer a la señorita Daniels? —pregunto Eric sentándose en la esquina de la mesa del despacho.
—Si la ha visitado tanto es porque la chica es importante para ella, aquí pone que han probado todos los tratamientos posibles excepto uno…el único que un Purista no aceptaría…nuestra sangre.
Eric se quedo mirándolo y pensando, quizás tenía una oportunidad, aunque era mínima, los Puristas no eran gente que aceptara fácilmente la sangre de ellos aunque eso significara la muerte.
—¿Cómo lo vas a hacer? — pregunto Eric —me refiero a convencerla.
—Aun no lo tengo claro, eso tengo que pensarlo un poco más.
—Yo diría que tiempo es lo que menos tienes…
—Eso no ayuda Eric, dame ideas.
—No se me ocurre que palabras pordrian convencerla de dejarlo todo por al vida de la hija de su nana.
—¡Eso es! —dijo Ren levantándose de la silla — las palabras no la van a convencer, tiene que verlo con sus propios ojos.
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Re: Cora Y...

Mensaje por dracanea el Vie Dic 14, 2012 7:22 am

CAPITULO 2

Cora estaba sentada en su tocador cepillándose su larga melena negra mientras miraba la foto de su nana sosteniéndola con apenas unos días de vida y sonriendo, siempre sonriendo.
—Yo también la echo de menos —dijo una voz detrás de ella que la hizo sobresaltarse.
Al girarse vio parada en la puerta a la anciana ama de llaves de su casa, con su pelo blanco recogido en un moño bien peinado del que no se salía ni un pelo, se acerco a Cora, le cogió el cepillo de la mano y empezó a peinarla.
—Le encantaba tu melena, decía que era el mejor marco para tu cara —dijo la anciana peinando cuidadosamente el pelo.
—No es justo, apenas hace dos años que nos dejo y ahora Tara… —contesto Cora con un largo suspiro.
—Quizás es lo que el destino les tenía preparado desde el principio…
—Si mama y papa te oyen hablar sobre el destino se morirían, para ellos claramente esto es una acción divina por alguna cosa que han hecho o que hizo una y a salpicado a la otra ¿no crees que eso es cruel? —pregunto Cora volviéndose hacia la anciana.
—Querida niña, la vida es cruel, prefiero creer que el destino me compensara por mis buenos actos en vez de pensar que me castigara el de ahí arriba por mis pecados —contesto la anciana señalando al techo con su arqueado dedo.
Cora volvió a girarse hacia delante para que siguiera peinándola mientras miraba su reflejo pensativa.
—¿Quieres que te haga un recogido para ir a ver a Tara? —pregunto la anciana sacando a Cora de sus pensamientos.
—Ojala pudiera llevarlo suelto pero mama se niega a que me confundan con una de “ellos” así que por favor recógemelo para evitar que ella o mi prometido tengan una excusa para corregir mi comportamiento inadecuado —contesto Cora con frustración.
—Mi niña ¿eres feliz? —pregunto la anciana sin dejar de peinarla.
La pregunta dejo un poco sorprendida a Cora, quién no seria feliz con su vida; nacida en familia adinerada, estudiando en los mejores colegios con los mejores profesores, teniendo al hombre perfecto como novio y a la gente que te quiere cerca; quizás en una época anterior si que era feliz, pero de un tiempo acá todo había cambiado. Su madre no aceptaba de ella nada por debajo de la perfección, lo que dejaba el pensamiento propio fuera de lugar, su padre tan apenas estaba en casa y cuando estaba ni la miraba, su nana, quien la había querido tal y como era sin importar sus defectos había muerto y ahora su mejor amiga, mejor dicho su hermana porque así es como ella lo veía, había contraído la misma enfermedad que su madre y tenia intención de dejarla también. Y el amor de su vida… el amor de su vida quizás no existía…
—¿Puedes enamorarte de alguien que realmente no existe? —pregunto Cora a la anciana que dejo de cepillarla un segundo para mirarla y luego siguió con su cepillado.
—Mi niña, puede que si existiera, pero la gente cambia, mejor dicho, no cambia, al madurar deja de fingir y vemos realmente la cara que escondía tras la mascara de la inmadurez ¿ocurre algo con el joven Dan?
Cora suspiro pensando en las palabras de la anciana, meditando esa frase.
—Cuando enfermo mi nana me falto su mano para agarrarla y seguir adelante, tenia a Tara y por eso no le di importancia, pero ahora con Tara…esta ocurriendo lo mismo, a veces necesito simplemente llorar en sus brazos antes de seguir adelante, pero cuando lo busco no esta…
—¿Estas enfadada con él?
—No, eso es lo más curioso, no estoy enfadada, es un sentimiento mas profundo que duele muy adentro, estoy decepcionada…
—Eso es peor, el enfado se pasa, pero la decepción, la decepción te acompaña por el resto de tu vida… ¿se plantea lo de la boda mi niña? —pregunto la anciana colocando en el recogido unas horquillas que evitaban que el fino pelo de Cora se deslizara fuera del moño.
—¿Acaso podría hacerlo? Amo a Dan y sé que mi vida a su lado seá fácil, pero a veces me gustaría que las cosas fueran diferentes.
—Si quiere el consejo de una anciana que ha vivido más de lo que probablemente le tocaba, no se conforme con que su vida sea fácil, haga que merezca la pena…
Cora se volvió a mirarla esperando que se retractara, en toda su vida nadie le había dicho que podía salirse de la norma, pero no lo hizo. Sintió unas inmensas ganas de que le contara que más había fuera de su mundo de cristal pero una sirvienta entro en el cuarto para avisar que el chofer la esperaba para llevarla al hospital, el ama de llaves aprovecho la interrupción para abandonar el cuarto no sin antes darle a Cora una mirada de complicidad.
Termino de vestirse con uno de los trajes de chaqueta que su madre había elegido para ella, desde que se había hecho oficial su compromiso con Dan hacia casi un año su madre había tirado toda su ropa y le había hecho un vestuario nuevo adecuado para la mujer del próximo presidente de los Puristas; si todo iba según lo previsto, Dan heredaría el cargo de su padre en unos pocos años convirtiendo a Cora en Primera Dama de la Nación Purista.
Cuando llego al coche el chofer le abrió la puerta con una amplia sonrisa, normalmente era un tipo serio pero Cora logro ganarse su afecto casi desde el primer día que entro en esa casa hacia más de diez años.
—¿Cómo sigue la señorita Tara? —pregunto el chofer desde el asiento delantero mirando por el retrovisor.
—Los médicos me ha dicho que me prepare para lo peor, que si sigue la misma trayectoria que su madre su final esta cerca — contesto Cora sintiendo un escalofrío por toda su espalda —ya no puede hablar ni moverse, pero sé que sigue ahí, cuando la miro a los ojos la veo.
—Ojala encontraran un remedio para ese mal ¿vendrá hoy el señor Walker con usted?
—Él ya la visito el mes pasado y creo que la próxima visita la tiene programada para dentro de dos meses, tiene una agenda muy ocupada con su nombramiento oficial como próximo presidente —trato de excusar Cora aunque para ella la vida de un ser humano era más importante que cualquier campaña y dos meses no duraría Tara, quizás lo había planeado así por eso.
Cora se sorprendió a si misma por ese pensamiento tan mal intencionado sobre su prometido, no lo creía por supuesto, pero la idea se había cruzado por su cabeza un segundo, el tiempo suficiente para hacerla dudar.
—Ya hemos llegado ¿quiere que la espere aquí? —pregunto el chofer aun sabiendo que la visita podía prolongarse horas.
—Vete a casa, te llamo cuando te necesite ¿de acuerdo? —contesto Cora sonriéndole mientras salía del coche.
Cora entro en el hospital, se dirigió a la planta 18 saludando al personal a su paso, tanto tiempo allí metida le había valido para hacerse algunas amistades. Al entrar en la habitación dejo su bolso sobre un butacón amplio que había a la derecha y se fue directamente a sentarse al lado de Tara mientras elevaba el colchón con un mando lo suficiente como para que estuviera incorporada pero no se le cayera la cabeza a un lado.
Tara la miraba fijamente, con intensidad, Cora se detuvo un momento a observarla detenidamente preguntándose si había algo que su amiga quisiera decirle, pero no la entendía.
—¿Qué ocurre Tara?
De pronto una mano tapo la boca de Cora y noto una respiración en su oído derecho, intento zafarse y gritar pero el agarre era firme.
—Por favor no grite, necesito hablar con usted —susurro una voz masculina tras de ella.
La respiración de Cora estaba acelerada pero trato de calmarse, poco a poco noto que el agarre se estaba soltando al tiempo que un hombre alto vestido de traje se presentaba frente a ella. El hombre extendió la mano antes de dirigirse a ella.
—Buenos días, me llamo
—Es el señor Aizawa, lo sé —corto Cora mientras se ponía de pie interponiéndose entre Ren y Tara.
—Si me conoce supongo que hará las cosas mas difíciles entre nosotros —dijo Ren apartándose un poco de las chicas para demostrar que no estaba ahí para dañar a nadie.
Cora relajo un poco su postura sin dejar de mirar a Ren que había quitado su bolso del butacón y se había sentado en él.
—No veo que podríamos tratar usted y yo señor Aizawa —dijo Cora muy firme mirándolo.
—Por favor llámame Ren.
—No me ha contestado señor Aizawa —repitió Cora.
Ren no pudo evitar sonreír ante la soberbia de un ser tan pequeño.
—Me gustaría proponerle un trato en el que todos los aquí presentes saldríamos beneficiados —comenzó diciendo Ren — si usted accede a realizarlo su amiga Tara podrá vivir.
Cora se tenso al oír esas palabras ¿le estaba ofreciendo una cura?
—Continúe, le escucho —dijo Cora interesada en sus palabras.
—Necesito que usted haga un pequeño sacrificio a cambio de la vida de la señorita aquí presente; como sabe, mi especie no es muy bien vista por su novio y su familia política, han hecho algunas cosas que han dejado en mal lugar a los míos y me gustaría obtener una compensación por ello.
—¿Me esta pidiendo dinero? Porque déjeme decirle que el del dinero es mi padre o mi prometido, yo no poseo nada más allá de lo que llevo en ese bolso e incluso eso tampoco lo he ganado yo.
—Dinero me sobra, llevo siglos almacenando oro en mis bodegas, es otra cosa lo que busco…
La mirada maliciosa de Ren hizo sentir un poco incomoda a Cora, si dinero no quería ¿Qué buscaba? Trato de recopilar toda la información que guardaba en su memoria sobre el hombre que tenia delante sentado y de pronto lo vio claro.
—Venganza, eso es lo que buscas, venganza —dijo Cora ante un sorprendido Ren.
—Veo que no tiene la cabeza tan vacía como imaginaba —contesto Ren juntando sus manos sobre su regazo mientras la miraba con unos ojos verdes color esmeralda que hacían temblar a cualquier mujer que estuviese reflejada en ellos, excepto a Cora.
—No crea que me va a poner nerviosa por mirarme así y espero que lo que me esta pidiendo no tenga nada que ver con temas de alcoba porque si es así se puede ir a la…
Ren la miró divertido, le hubiera gustado llevarla más al límite pero no era el momento, ya tendría tiempo cuando ella aceptara, después de todo iba a ser divertido si lograba convencerla.
—Tranquila, no va por ahí, tan solo quiero que deje a su prometido y venga a vivir a mi mansión.
Cora lo mirando levantando las cejas como si no creyera lo que acaba de oír.
—¿Puede repetir?
—Que quiero que vengas a vivir conmigo y el resto de mi familia a la mansión del East River.
—Ah! Bueno si solo es eso…—contesto Cora con ironía—creo que la planta de psiquiatría es la diez, por si quiere hacerles una visita…
—Le hablo muy en serio, su vida a cambio de la de su amiga ¿es justo no?
—Pretende que abandone mí vida a cambio de la suya —contesto Cora señalando a Tara que seguía la escena como buenamente podía desde su posición— pero entenderá que necesito alguna prueba, ningún tratamiento ha funcionado, ninguno.
—Por eso estoy aquí, voy a demostrarle que no han probado todos, aunque un pajarito me ha dicho que cierta madre y cierto prometido afirman que sí.
Cora lo miro, se estaba empezando a enfadar, a ella le gustaba ir directa a la cuestión y él no hacia más que dar rodeos, y por muy imponente que se viera ahí sentado a Cora le apetecía cogerlo su pelo oscuro revuelto y arrástralo por todo el hospital por estar dando esperanzas a Tara.
—Llame al medico de la señorita para que venga al habitación, y por los espías de su prometido no se preocupe que nadie se va a enterar que esta conversación tuvo lugar.
Cora lo miro extrañada, ella sabia perfectamente que tenia unos ojos espiándola cada vez que salía fuera de su casa, pero le había llevado tiempo darse cuenta de eso, no esperaba que él supiera algo tan personal.
—Veo que no se asombra ante lo que acabo de revelarle señorita Daniels, realmente me esta sorprendiendo gratamente esa cabecita suya —dijo Ren sonriéndole sin dejar de mirarla fijamente a los ojos.
Cora no le contesto, simplemente llamo al medico por el teléfono que tenia en la habitación y en menos de un minuto el hombre estaba allí, eso era lo bueno de tener dinero, tenias a todo el hospital a tus pies, sobre todo después de donar el dinero necesario para reformar toda la planta de cirugía, esa había sido la manera de Dan de recordarle a Cora que él estaba allí, aunque lo que allí estaba era su dinero, no él.
Cuando el medico entro fue directo a saludar a Cora y cuando se giro para saludar al que creía era el prometido de Cora se quedo paralizado, lo había reconocido perfectamente de verlo en las noticias.
—¿Qué esta pasando aquí? —pregunto tartamudeando el medico.
—Según mis fuentes el señor Walker le entrego una cuantiosa suma de dinero para que a la señorita Tara Donalson no se le suministrara el que probablemente es el único remedio para su enfermedad —dijo Ren al tiempo que se levantaba y se interponía entre el medico y la puerta.
—¿A que se refiere doctor? —preguntó Cora que no se enteraba de nada, a diferencia del medico.
—Bueno…esto…las cosas no fueron así…el me dijo….
El medico realmente estaba asustado por la presencia de Ren y por lo que él sabia.
—Señorita Daniels —comenzó Ren —el doctor aquí presente opto por no suministrar una transfusión de sangre de nuestra raza, la cual seguro que sabe remedia cualquier enfermedad hasta ahora conocida.
Cora se quedó callada mirando al medico mientras recordaba como Dan le había dicho que la transfusión no había funcionado y que la enfermedad era más fuerte, incluso ella había dado por hecho que el dinero que dono era en agradecimiento por repetir la transfusión varias veces como él le aseguro que pidió.
—¿Es cierto? —pregunto Cora tratando de mantenerse serena.
—Bueno…el señor Walker aseguro que la paciente era una Purista muy radical que preferiría morir a ver su sangre mezclada con la de uno de estos —contesto despectivamente aunque con miedo.
Ren hizo mención de ir contra él por lo que acababa de decir pero se contuvo esperando la reacción de Cora.
—¿Eso es lo que vale la vida de una persona?¿un área de cirugía nueva? —pregunto Cora tratando de entender porque alguien que había jurado curar a los enfermos había cambiado su palabra por un cuarto de juegos nuevo.
—Señorita Daniels lo siento, sé que no es excusa apero el hospital necesitaba esa remodelación, realmente era necesario…
—¿Ha merecido la pena? —Pregunto Cora muy seria mientras el medico seguía en silencio—¿le he preguntado si realmente ha merecido la pena jugarse su carrera y la vida de Tara?
El medico paseo su mirada de Cora a Ren, y de Ren a Cora, y tras un largo suspiro contesto.
—Si, ha merecido la pena.
—Entonces supongo que no puedo enfadarme ni molestarme —contesto Cora ante el asombro de Ren.
—¿En serio vas a dejar que se vaya de rositas sin pagar por lo que hizo? —pregunto Ren casi indignado por algo que realmente ni le iba ni le venia.
—Conozco lo suficiente al doctor como para saber que cargar con la muerte de Tara hubiese sido castigo suficiente, pero también se que esa decisión ayudo a que muchos pudieran vivir y no puedo reprocharle que eligiera la vida de muchos en lugar de la de una sola, yo no sabría que hubiera hecho en su lugar, así que no me veo capaz de juzgarlo.
Ren se quedo meditando las palabras de Cora, en parte tenía razón, la parte racional le daba la razón, pero si Eric pasara por lo mismo ese medico estaría hecho pedazos en este momento.
—Lo que le voy a pedir que por favor realice la transfusión ahora y delante mío, sin excusas ni preguntas ¿lo hará? —pidió Cora sin perder la serenidad.
El medico asintió con la cabeza mientras cogía unas agujas de la cómoda de la habitación y se disponía a realizar la transfusión. Una vez que Tara y Ren estuvieron conectados y la sangre comenzó a fluir Cora se disculpo un momento y se metió en el baño. Allí comenzó a hiperventilar, respiraba muy rápido sin poder evitarlo, le había dado un ataque de ansiedad y le costaba mantenerse de pie, se apoyo contra al pared y bajo poco a poco al suelo hasta que logro sentarse y poner la cabeza entre sus rodillas.
Ren desde la habitación lo estaba escuchando todo, cada respiración, cada latido, cada movimiento, quería entrar a ver que le pasaba pero era una situación delicada y quizás esa acción le costara demasiado, así que permaneció quieto, agarrando los brazos del butacón con fuerza mientras escuchaba como la situación se apoderaba de la pequeña chica que había entrado en el baño. Tardo un rato en sentir que su respiración se normalizaba, casi el mismo que tardo la transfusión en terminar. Se levanto ante la mirada del doctor, se acerco a Tara y le susurro algo al oído, luego se dirigió a la puerta del baño, escucho atentamente como los latidos eran rítmicos y casi normales y sonrió. Salio de la habitación antes de que Cora saliera del baño dejándole un recado con el medico.
—¿Dónde ha ido? —pregunto asustada cuando salio y vio que no estaba Ren.
—Se ha ido —contesto el medico.
—¿Y ahora como lo localizo? —pregunto Cora asustada ante la idea de que esto hubiera sido una broma cruel.
—Me ha dicho que si todo sale bien será Tara quien te diga como localizarlo.


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Re: Cora Y...

Mensaje por dracanea el Vie Ene 11, 2013 11:18 am

CAPITULO 3

Las siguientes horas de Cora fueron un mar de preguntas en su cabeza.
«¿Será verdad que Dan no uso la sangre para curar a Tara?» esa pregunta rondaba por su cabeza sin cesar.
«Quizás si lo intento pero no dio resultado y quien me miente es el señor Aizawa» pensó Cora «pero ¿porqué iba a hacerlo? no es una mentira que pueda sostenerse por demasiado tiempo…»
Y como si con sus pensamientos hubiese establecido una conexión su móvil comenzó a sonar, era Dan.
—Hola cielo, tu madre me ha llamado preocupada porque no has vuelto del hospital aun —dijo felizmente desde el otro lado de la línea.
Cora realmente no sabia que hacer, no estaba segura de que el tratamiento fuese a dar resultado, si fallaba y le contaba a Dan su encuentro con el señor Aizawa probablemente acabaría saliendo en las noticias, si algo sabia de los publicistas de su novio era que podían hacer que la situación más sencilla se tornara en algo sucio y malo. Mejor esperaba a ver que ocurría.
—¿Cora?¿Estas ahí?
La voz de Dan la hizo bajar de sus pensamientos.
—Si perdona, es que hoy se me hizo tarde, me encontré con unas enfermeras que estuvieron al cuidado de mi nana y me tome un café con ellas.
Se hizo un silencio al otro lado, a Dan no le gustaba que Cora se relacionase con nadie, era demasiado protector con ella, quizás posesivo era el adjetivo que mejor lo definía puesto que Cora llegaba a sentirse como un objeto cuando Dan tenia un berrinche por haber salido sin él o sin su permiso.
—Cariño, sabes que hay mucha gente que le encantaría verme sufrir y a través de ti pueden lograrlo….
Dan comenzó su particular discurso de cómo Cora era el centro de su universo pero por eso mismo ella debía quedarse ahí, en el centro y sola para que nadie pueda acercarse lo suficiente.
«Al menos esta vez no grita » pensó Cora mientras oía como Dan seguía con su sermón telefónico pero sin escuchar realmente lo que le decía. Casi sin pensar en lo que hacía Cora puso el manos libres y empezó a hacer muecas como si estuviera imitando a Dan, prácticamente sabia cada palabra que él iba a decir antes de que la dijese. De pronto una risa provoco que Dan se callara y Cora palideciese.
—¿Te has reído de mi? —pregunto Dan incrédulo desde el otro lado.
Cora sostenía el móvil sin acabar de creer lo que acababa de ver, Tara, su Tara, se había reído de su imitación de Dan, hacia meses que no la oía reír, de hecho, el ultimo mes y medio no había podido ya ni hablar debido a lo avanzado de su enfermedad.
—¿Cora? —volvió a repetir Dan en el manos libres —¿Qué diablos pasa?
La voz ya no era tan amistosa como antes, más bien denotaba un enfado inminente pero aun así Cora no podía dejar de mirar a Tara. Cuando logro reaccionar simplemente quito el manos libres, se llevo el móvil a la oreja y dijo:
—Tara ha vuelto con nosotros —y colgó.
Inmediatamente después el teléfono volvió a sonar pero Cora le quito la batería, no quería arruinar el momento.
—Ta..Ta..Tara…—logro decir Cora.
—¿Puedes oírme? —pregunto Tara con dificultad.
—Claro que puedo, aunque no me lo creo —contesto Cora con una lagrima resbalando por su mejilla
Tara comenzó a llorar y Cora la abrazo con más fuerza de la que sabia que tenía.
—Pensé que jamás volvería a escuchar tu voz —dijo Cora sin soltarla.
—Yo casi me vuelvo loca sin poder hablar, os escuchaba e intentaba hablaros, deciros que estaba aquí, pero no podíais oírme, mi voz solo sonaba en mi cabeza, ha sido horrible —exclamo entre sollozos aun aterrorizada por la experiencia —¿esto sintió mi madre?
Cora había rezado a todos los dioses y deidades que conocía porque no hubiese sido así, pero no estaba segura, aun así no se lo hizo saber a Tara y menos en ese estado.
—Claro que no, ella se fue más rápido y perdió la consciencia…no puedo creer que estés aquí…no puedo creer que haya funcionado…
Tara cogió de las manos a Cora y la miro como cordero que llevan al matadero.
—Por favor, no dejes que me muera —suplico Tara ante una estupefacta Cora.
—Claro que no ¿porque iba a hacerlo?
—Ya sabes qué me ha curado y porque no me he curado antes, si no siguen suministrándome sangre del mismo donante la enfermedad reaparecerá y…
—Realmente estabas consciente de todo…lo oíste todo ¿no? —pregunto Cora casi sin atreverse.
Tara asintió con la cabeza, Cora noto como se le revolvía el estomago antes tal confesión, sabia perfectamente que fue Dan quien casi la deja morir y sabia cual era la condición para que ella viviera, una vida a cambio de otra había dejado claro el señor Aizawa.
La puerta se abrió de golpe sobresaltando a ambas, era Dan, la imagen que daba era una mezcla de asombro y pánico que Cora no llego a entender, solo sabia que Tara estaba bien, la estaba sujetando de la mano y sobretodo, que al ver a Dan comenzó a temblar del miedo.
—Cora ven conmigo —dijo Dan alargando la mano.
Tara la sujeto más fuerte.
—Mira Dan, Tara esta bien —dijo Cora mostrando a una temblorosa chica en camisón de hospital.
—Cielo, Tara sigue igual que ayer.
Cora se quedo mirando a Dan y a Tara, pasaba de uno a otro, no entendía como él no podía ver lo mismo que estaba viendo ella.
—Pero Dan, ¿no la ves? Esta bien, habla, se va a salvar….
Poco a poco se levanto del lado de Tara para ir hacia su novio y comprobar que él estaba bien porque claramente algo raro pasaba cuando no se daba cuenta de la mejoría de Tara.
—Dan ¿te pasa algo? Cariño ¿de verdad que no la ves mejor? —pregunto volviéndose hacia Tara mientras quedaba de espaldas a Dan a escasos centímetros de él.
En un movimiento más que rápido, Dan la cogio por detrás y le inserto una aguja en el brazo. Antes de que ella pudiera reaccionar comenzó a notar como sus parpados pesaban y en unos segundos quedo suspendida en los brazos de Dan ante una horrorizada Tara.


Cora despertó en su cama con un terrible dolor de cabeza y la boca seca. No recordaba como había llegado allí pero le costaba mover cada músculo de su cuerpo.
—Veo que ya estas despierta ¿Cómo te encuentras? —pregunto su madre sentada en una butaca blanca de su habitación.
—Estoy un poco cansada ¿Qué ha pasado?
—Ayer sufriste alucinaciones, menos mal que hablabas por teléfono con Dan y salio corriendo en cuanto noto que estabas rara.
Cora comenzó a recordar todos los acontecimientos del día anterior y en su memoria aparecieron las risas de Tara, su llanto y sobretodo su miedo.
—¿Y Tara? Ella esta bien ¿verdad? —pregunto Cora nerviosa.
—Cielo ella sigue igual que hace una mes, esta inmóvil en el hospital ¿aun tienes alucinaciones?
Cora se sorprendió ante las declaraciones de su madre, tan pasiva como siempre le estaba diciendo que todo lo que vivió con Tara ayer fue una alucinación. Cora comenzó a repasar mentalmente los acontecimientos, uno a uno, buscando algo que demostrara que era falso lo que su cabeza albergaba, pero no halló nada.
—Me estas mintiendo, ayer hable con Tara, ella esta bien, bueno va mejor pero ya no es un vegetal…
—No cariño, eso fue lo que tu mente te hizo creer y por eso tuvieron que sedarte, sufriste algún tipo de episodio sicótico, seguramente por la proximidad de la boda, al fin y al cabo que novia no estaría nerviosa a falta de tres días para su boda ¿no?
Cora se rasco la cabeza preocupada por si las palabras de su madre eran ciertas, ¿y si lo había imaginado todo? Podía ser, llevaba mucho estrés acumulado, pero sus recuerdos eran tan vivos…incluso se habían cogido de la mano.
Cora se toco sus manos y noto unas pequeñas hendiduras, debió haberlas dejado Tara cuando Dan entro en la habitación, eran las marcas de sus uñas clavándose por el miedo en su piel.
—Ves esto mama, me lo hizo Tara, no puedo haber imaginado esto —dijo Cora enseñándole a su madre las marcas.
—El medico dijo que era probable que te aferrases a tu paranoia así que será mejor que vayamos al hospital y tu misma compruebes como esta Tara ya que parece que no eres capaz de creer a tu propia madre.
El tono de su madre era de ofensa pero Cora sabia que estaba fingiendo, jamás había sentido un mínimo de afecto de madre y no iba a ser ahora el momento de empezar. Cora salio despacio de su cama y se vistió mientras su madre bajaba a preparar el coche, cada movimiento le dolía recordándole que ya no estaba dormida, eso era bueno. Se vistió lo más rápido que pudo y bajo directamente al coche, su madre la esperaba dentro. Estuvieron todo el camino sin hablarse y apenas espero a que el chofer abriera la puerta para salir corriendo hacia el ascensor, logro subirse en uno antes de que las puertas se cerraran dejando atrás a su madre. Necesitaba comprobar todo esto sola.
Cuando llego a la habitación entro sin tocar, no le importaba si había alguien allí, pero lo único que vio al traspasar el umbral fue a su amiga inmóvil, igual que había estado desde hacia semanas. Se acerco lentamente a ella y le acaricio la mejilla, estaba dormida, pero no se movió, la zarandeo un poco para despertarla, pero no funciono. Pronto un dolor se instalo en su cabeza ante lo que estaba viendo ¿de verdad se lo había imaginado todo?
La puerta volvió a abrirse para dejar paso a su madre, que la miraba desde el sillón donde el señor Aizawa le había hecho la propuesta el día anterior. O no…
—¿Ya te has convencido?
—Aun no, necesito hablar con su medico, él me vio ayer y él fue quien…—dudo en revelar el modo en que Tara había despertado, opto por callar —bueno necesito hablar con él.
—Cora, el medico hablo ayer contigo, te dijo que se iba a ver a otro paciente en un estado similar al de Tara pero no tan avanzado ya que a ella no le quedaban más que días de vida y ya no podía hacer nada, tras eso comenzaron tus alucinaciones.
A Cora le costo procesar todo lo que estaba pasando. Ayer hablo con Ren Aizawa y este le propuso que se fuera a vivir con él abandonando a Dan para que Tara se salvase, después lo vio darle su sangre a Tara y tras esto Tara despertó; cuando vino Dan todo es oscuridad y esta mañana de nuevo estaba en casa y Tara volvía a estar igual que siempre ¿realmente lo había imaginado? Salvo por las marcas en las manos no había nada que le dijese que eso había sucedido, e incluso para eso su madre le dio una explicación, eran de la enfermera que la sujeto para darle el calmante, pero ella no recordaba a ninguna enfermera.
Si lo pensaba mejor, que Ren Aizawa le hiciera una proposición como esa no era muy lógico, y que Dan no quisiera que Tara viviera era algo que no podía creer, podía no quererla como lo hacia ella, pero Dan jamás asesinaría, porque eso es lo que era, a Tara.
Se levanto del lado de Tara y se dirigió a la puerta convencida que todo había sido una mala jugada de su cabeza, tenia el presentimiento de que algo no andaba bien, pero la historia que su madre le había contado cuadraba más de la que ella se había imaginado. Con lagrimas en los ojos por la desesperación de que Tara se iba a ir en cualquier momento salio por la puerta seguida de su madre.
—Volvamos a casa.



—Le arrancaría la piel a tiras y lo sazonaría después para que sufra y le duela en esta vida y las siguientes — gruño Ren en su despacho —se ha vuelto a salir con la suya ese bastardo.
—¿Qué ha pasado? —pregunto Eric sin saber porque estaba así Ren.
—Un informante me ha dicho que ayer Dan apareció en el hospital, sabía que él aparecería pero no creí que fuera tan rápido. Cora apenas estuvo con Tara y, pese a que esta despertó, Dan se las ha arreglado para hacer creer a Cora que todo fue un montaje de su imaginación.
Eric no podía creer las palabras de Ren, parecía una película toda esa situación.
—¿Por qué no la llamas y le cuentas todo?
—Estará más que vigilada, dudo que la vuelvan a dejar ir sola al hospital, y su amiga ahora esta tan sedada que sospecho que no volvera a despertarse —contesto Ren enfadado —debí haberme quedado con ella hasta que me diera una respuesta, pero pensé que darle su espacio era la mejor manera para que ella accediera…
—¿Le dejaste alguna tarjeta o teléfono para que contactara contigo? —pregunto Eric buscando algo a lo que aferrarse.
—Le dije a Tara como contactar conmigo pero no le dio tiempo a decírselo a Cora…
—Entonces será mejor que busquemos otra manera de atacar a Dan Walkers porque esta parece una vía muerta.
—Yo creo que no, tengo una mínima esperanza puesta en la señorita Daniels.
—¿Cómo es eso? —pregunto Eric sorprendido.
—Debo reconocer que fue una grata sorpresa conocer a Cora, ella no es el jarrón vacío que esperaba, tiene una mente bastante ágil y, podría jurar que hubo un momento en que hubiera pateado mi culo si no llego a manejar bien la situación —contesto Ren divertido.
—Vaya, parece ser que la pequeña humana te ha impresionado….
—No seas mal pensado, si la hubieras conocido sabrías de lo que te hablo.
Eric analizo la cara de su amigo, habían pasado años desde que alguien lo había impresionado de esa manera y no era de extrañar, con tantos siglos viviendo es bastante difícil que algo te sorprenda o impresione con facilidad.
—¿Entonces? —pregunto Eric esperando saber cual seria su próximo paso.
—Voy a darle un voto de confianza a la señorita Daniels, a ver si su mente pone sus ideas en orden y toma la decisión correcta.
—¿De verdad crees que podrá darse cuenta del engaño y de que lo hará antes de la boda? —pregunto Eric dudando de si Ren sabia lo que hacia —faltan un par de días para ello lo sabes ¿no?
—Si, ese es el tiempo que tiene para decidirse, de hecho, creo que nos pasaremos por la iglesia a dar la enhorabuena a la feliz pareja.
Eric no entendía nada pero si Ren tenia algo en su cabeza él lo seguiría hasta el final, llevaba siglos haciéndolo y no iba a empezar a dudar de él ahora.



Cora paseaba de arriba a abajo en su habitación, en los últimos días la habían agobiado con los preparativos de la boda, parecía como si todo tuviera que pasar bajo su supervisión y eso no le había dejado tiempo para pensar en lo sucedido con Tara. Todo lo que le habían dicho cuadraba, las miles de preguntas que había hecho se las habían respondido coherentemente pero aun así había algo que no le dejaba dormir bien. Mañana era el gran día, al fin llegaba su boda con Dan, había soñado con este día desde hacia años, pero no era como lo había imaginado.
La sensación de que no conocía al hombre con el que se iba a casar se apodero de ella, quizás eran los nervios de la boda, después de todo era normal dudar de dar un paso tan importante, Dan era un buen hombre que cuidaría de ella, y de su familia, le daría una vida fácil sin preocupaciones y sin tener que pensar demasiado ya que él pensaba por los dos, incluso su vestido de novia lo había escogido él. Un sentimiento de rabia se apodero de Cora. Era un sueño lo que ella vivía pero no tenía claro si era su sueño, a ella le gustaba pensar por si misma y sabia que al lado de Dan tendría una vida de no dar su opinión pero lo amaba, y había aceptado dejar morir ese lado suyo a cambio de tenerlo con ella para siempre y la carga se sobre llevaría mejor con Tara y su nana…pero ahora su nana ya no estaba…y Tara la iba a dejar pronto…estaría el resto de su vida sola con él… Con estos pensamientos se quedo dormida, inquieta durante toda la noche, dando vueltas en la cama hasta que de pronto se despertó con los ojos de Ren mirándola.
Cora se incorporo jadeando ante el susto de pensar que realmente él estaba en su habitación mirándola con aquellos profundos ojos verdes. Su corazón estaba acelerado y le tomo unos segundos darse cuenta de que todo había sido un sueño. Aparto las sabanas y se puso su bata, era temprano como para empezar a prepararse pero no quería que alguien la oyera que estaba despierta y comenzara todo el circo en el que se había convertido su boda.
Se puso su bata blanca de pelo suave como de peluche, ajusto el cinturón y salio despacio de su habitación; sabía que en cuanto se dieran cuenta de que no estaba la irían a buscar hasta debajo de las piedras pero necesitaba un poco de tiempo para empezar el día. Se dirigió escaleras abajo, pensó salir al jardín pero allí estaban los camareros preparando las mesas y sillas para el banquete. Una mano se poso sobre su hombro que la hizo sobresaltarse, por suerte se tapo al boca para no gritar, era su adorada ama de llaves, le hizo un gesto para que la siguiera en silencio y Cora la siguió vigilando de un lado a otro que nadie la viera.
La anciana la llevo a través del acceso del servicio hasta su habitación, allí la hizo pasar sujetando la puerta hasta que Cora entro y cerro tras de ella.
—Gracias por traerme aquí —dijo Cora sentándose sobre la cama de la mujer como tantas veces había hecho de pequeña.
—Te veía un poco perdida ¿ocurre algo?
—Una mala noche, tan solo quería calmarme un poco antes de que todo esto comenzara.
—Mala noche —mascullo la anciana —¿algo de lo que quieras hablar?
Cora dudo en si debía hablar con alguien de todo lo que pasaba por su cabeza, realmente lo necesitaba y si alguien era digna de confianza era su ama de llaves, siempre había estado cuidándola, no tan de cerca como su nana, pero debía reconocer que jamás la delato o hizo mención de traicionarla, así que se dispuso a desahogarse.
Le contó todo lo que había pasado en el hospital, como tuvo a Tara entre sus manos y luego resulto ser todo producto de su imaginación, todo con pelos y señales hasta el sueño con los ojos verdes de Ren.
La anciana la escucho sin interrumpirla ni una sola vez, cuando Cora termino, la anciana se aclaro la garganta y le sonrió.
—¿Estas mejor?
Cora sonrió en respuesta, realmente se sentía mucho mejor, poder soltar todo lo que tenia contenido en su interior.
—Bueno me alegro, ahora quiero que me digas que piensas realmente de todo lo sucedido.
Cora la miro sin saber exactamente que quería que le dijera.
—Quiero que me digas lo que piensas, me has contado lo que sucedió de una manera más objetiva de lo que se podría esperar dada la situación , pero supongo que tu madre se encargo de educarte para que dejaras pensar a los demás…
—Bueno…yo…—Cora sabia que la anciana tenia razón, su madre se había hartado de repetirle que pensar era de pobres o solteronas — creo que todo podría ser imaginación mía…o que realmente Tara despertó…pero esto ultimo conlleva demasiadas cosas malas…
—¿Cómo cuales? —pregunto la anciana conociendo la respuesta.
—Como que Dan me engaño, como que todos me mintieron para protegerlo y dejar morir a Tara sin motivo aparente, al menos no le encuentro uno lo bastante bueno para ello; siento que seria más fácil tirarme desde el edifico más alto y acabar con todo, pero no puedo dejar sola a Tara, pero no se si después de que ella se vaya quede algo para mi aquí a lo que me quiera aferrar…
La tristeza de sus palabras conmovió a la anciana que no pudo evitar soltar alguna lágrima, tan joven y con tan pocas ganas de vivir.
—Entonces ¿Qué es lo que te haría querer levantarte cada día?
—Supongo que en el día de mi boda debería decir que Dan, pero no es así, seria ver a Tara repuesta, o al menos haberlo intentado todo hasta su último aliento.
—¿Te das cuenta de lo que acabas de decir? —pregunto la anciana haciendo que Cora reflexionara.
—Que esta boda no es lo que quiero…pero si me equivoco y todo estaba en mi mente demasiada gente va a sufrir por mi culpa.
—Es muy bonito que pienses en los demás antes de pensar en ti, pero hay momentos en la vida en los que tienes que tomar una decisión y seguir con ella hasta las ultimas consecuencias, la pregunta no es lo que quieres sino ¿a que estas dispuesta por conseguirlo?
Las palabras de la anciana resonaban en la cabeza de Cora cuando la puerta de la habitación se abrió, era su madre, la había encontrado y por su mirada asesina contra la anciana no estaba muy feliz de verla ahí.
Como una niña a la que han pillado cometiendo alguna fechoría, Cora se levanto y se dirigió fuera de la habitación con la cabeza agachada, cuando paso por el lado de la anciana noto un leve roce de su mano pero nada más. El resto de la mañana era un hervidero de cosas por hacer, en su casa había un representante de cada profesión relacionada con la estética que existía, incluso tenia alguien que le limpiaba la suela de los zapatos. Desde el momento en que salió de la habitación de su anciana amiga horas antes no había vuelto a pronunciar una palabra, quizás algún monosílabo pero hasta ahí. Antes de salir hacia la iglesia decidió mirarse en el espejo de la entrada de casa, su vestido era magnifico, era de corte griego con un broche en el hombro derecho lleno de pedrería que se iba dispersando por el vestido a medida que bajaba, recogido bajo el pecho con un lazo de seda y de largo hasta los tobillos haciendo que de atrás se estirara hasta el suelo; los zapatos con un tacón de más de diez centímetros hubieran hecho perder el equilibrio a cualquiera con solo mirarlos pero Cora había practicado desde niña sobre unos tacones para agradar a su madre, eran casi transparentes, haciendo el efecto de que no llevaba nada excepto miles de brillantes pequeños incrustados en sus pies de forma natural. Se miro, se giro y volvió a mirarse, alrededor suyo todo eran flashes de cámaras y enhorabuenas tanto para ella como para la familia, todo felicidad y orgullo, pero Cora no lograba verse a través de su imagen en el espejo, veía su reflejo, pero no era ella, realmente no se veía por ningún lado, tan solo era la chica debajo del velo que todos querían que fuera.
Como si su madre le estuviera leyendo el pensamiento, la agarro del brazo y la llevo hasta el coche, una vez subida el camino era corto y su padre la esperaría para llevarla al altar. Como un reloj se abrió la puerta del coche de la novia a la vez que las campanas de la iglesia replicaban en lo más alto del campanario. Cora salió y se sujeto a su padre mientras se dirigían a un pasillo lleno de fotógrafos adornado con flores y arcos por todos lados; ante ella una iglesia de madera blanca con tres peldaños y una puerta abierta. Miro a su alrededor antes de iniciar el paseo por el pasillo dentro de la iglesia y lo vio, fue durante un instante, el tiempo justo para reconocer aquellos ojos verdes con lo que había soñado esa noche, Ren estaba allí, lo había visto y ahora nadie podía hacerla dudar de ello. Apretó el brazo de su padre por instinto.
—Bueno Cora ¿preparada para el último tramo antes de ser una mujer casada? —pregunto su padre entre dientes y sonriendo, siempre sonriendo antes las cámaras.
—¿Y si decido que casarme no es lo que quiero?
El padre de Cora casi tropieza delante de los invitados que estaban asombrados por el vestido de la novia.
—Cora, si es una broma no tiene gracias y si no lo es siento decirte que esa no es una opción válida.
—¿Quieres decir que me obligarías? —pregunto Cora sorprendida.
—No puedo obligarte a que te cases, pero da por seguro de que si sales por esa puerta sin estar casada con Dan Walker no tendrás un techo donde volver ni una familia en la que refugiarte.
Las palabras de su padre se le clavaron como puñales, era más importante los deseos de Dan que los de su propia hija, ni siquiera había tratado de negociar con ella, había sido tajante, o todo o nada. De pronto su cuerpo ya no quiso andar más, había alcanzado su límite, se negaba a seguir. La iglesia entera enmudeció al ver la escena.
—Cora, hija mía, no me hagas esto por favor
—¿Ahora suplicas? —pregunto Cora lo suficientemente alto como para que todos se enteraran —hace un momento la que suplicaba por un apoyo era yo.
Se quito el velo que le cubría la cara y lo tiro al suelo, en su mente la idea de irse estaba peleando fieramente contra la de quedarse; intento meter las manos en su pelo para relajarse, pero allí estaba de nuevo ese recogido incomodo que le negaba la libertad de ser ella, se quito una a una las horquillas mientras su madre y su futura suegra se acercaban, su suegro se había quedado al lado de Dan en el altar impidiéndole llegar hasta ella, en esa familia el orgullo era más importante que el amor.
—¿Qué crees que estás haciendo Cora? —pregunto su suegra enfadada mientras veía como se despeinaba y dejaba su larga melena suelta.
Una chica del banco de la derecha le tendió un cepillo que saco de su bolso con una sonrisa de complicidad, Cora se la devolvió en agradecimiento a esa extraña encantadora mientras peinaba su melena.
—Pues creo que es obvio ¿no? No puedo casarme, tengo que ir a salvarle la vida a Tara.
—¡Jesús! Hija mía ¿vuelves a tener alucinaciones? —pregunto su madre enfureciendo a Cora aun más.
—No son alucinaciones madre, nunca lo fueron, ahora lo sé, no me digas cómo pero lo sé y no pienso casarme con un asesino.
Esas palabras provocaron una gran conmoción a su alrededor, todos los fotógrafos se dirigieron hacia el novio para capturar la foto del año, ambas madres estaban tiradas en el suelo tras un soponcio y su padre la miraba como si hubiera cometido el peor de los crímenes. Pronto se dio cuenta de que tenía que salir de allí, ya no había nada que la atara a aquellas personas, ni siquiera conocía al 95% de los invitados. Se giro e inicio una carrera hasta la puerta, allí se encontró con que algunos fotógrafos se habían quedado en la puerta esperando la foto de la huida. Se los quedo mirando mientras sonreía, un rayo cruzo el cielo y un gran estruendo hizo que algunos se encogieran por el susto; una lluvia intensa comenzó a caer, Cora levanto la cara feliz por lo que acaba de hacer y mientras los fotógrafos tapaban sus caros equipo logro hacerse paso entre ellos mientras se quitaba los altos tacones.
—Señorita Daniels espere ¿puede hacer alguna declaración?
Con los zapatos en las manos miro hacia atrás, hacia la puerta de la iglesia, había un numeroso grupo de fotógrafos expectantes y tras de ellos, sobre los escalones, su familia y ex futuro esposo que no querían salir del amparo de la iglesia para no mojarse. Cora no dudo en sonreír al pensar que no valía lo suficiente como para que nadie se mojara por ella, eso debió entristecerla, pero realmente le alegro reiterar lo acertado de su decisión.
—Decidle a mi príncipe azul que tenga cuidado al salir, que con el agua igual destiñe.
Tras esto lanzo sus zapatos contra los fotógrafos y comenzó a correr, vestido remangado en mano y perseguida por fotógrafos y curiosos. Si pensaban cogerla lo iban a tener difícil, su hobby era correr horas y horas para despejar la mente. Le costo un poco pero al fin le dio esquinazo a todo el mundo. Corrió un poco más solo para estar segura y se sentó en la primera parada de autobús que vio, junto a un vagabundo con ropas sucias y rotas.
—¿Un buen día eh? —pregunto el mendigo viéndola calada de agua pero sonriendo radiante mientras apretaba su larga melena para sacar el agua.
—Podría decir que uno de los mejores —contesto Cora —¿podría decirme como localizar las oficinas Aizawa?
—Bueno, es una zona donde gente como yo no es bienvenida, pero apuesto a que si esperas a que llegue el autobús, el conductor te lo dirá encantado.
—¿Es muy caro el autobús?
—Me imagino que saliste de casa sin dinero ¿verdad?
Cora se rio, desde luego era un tipo gracioso.
—Toma —le dijo el mendigo —con esto te alcanza para llegar donde quieres.
Cora extendió la mano y vio unas monedas caer de la mano del vagabundo a la suya.



—Detén el coche ahora mismo y da la vuelta — grito Eric saltando al asiento del copiloto.
—¡Qué demonios haces! —pregunto Ren cuando dio un volantazo que casi mata del susto al pobre chofer.
—No sé si es tu día de suerte amigo, pero si mis ojos no me engañan acabo de ver a Cora Daniels vestida de novia sentada en la parada del autobús, y dudo mucho que ese sea el sitio en el que debiera estar ahora.
Ren lo miro sorprendido, la vio entrar a la iglesia, de hecho ella también lo vio ¿se estaría equivocando Eric? Solo había una manera de comprobarlo. Entonces el coche se detuvo y la vio.
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Re: Cora Y...

Mensaje por dracanea el Vie Ene 11, 2013 11:18 am

CAPITULO 4

—No creo que haya sido buena idea venir a la iglesia, está llena de fotógrafos —dijo Eric mientras se apoyaba en la pared de la acera de enfrente de la iglesia.
—Bueno, hoy no somos importantes, nadie se va a fijar más allá de lo que pase en esa iglesia.
Ren parecía un poco nervioso, iba de un lado a otro de la acera esperando el momento en que el coche nupcial apareciera, y cuando lo hizo se paró en seco. Miro por encima de sus gafas de sol para ver mejor la escena, pero desde esa posición apenas podía ver la espalda de la novia. Un impulso hizo que cruzara la calle ante un asombrado Eric.
—¿Dónde demonios vas? —pregunto sorprendido Eric.
Ren se volvió y puso un dedo en su boca como gesto de que se callara y siguió caminando hacia Cora. Cuando llego se deslizo entre los fotógrafos buscando una mejor vista. La novia realmente se veía como una princesa griega, subida a esos tacones que le daban visibilidad y el porte de una dama de clase alta. Ren no pudo evitar quitarse sus gafas de sol para contemplarla bien, desde luego no era su tipo, pero había que reconocer que tenía una belleza clásica innegable.
De pronto los ojos de Ren se cruzaron con los de Cora, fueron apenas dos segundos, pero lo suficiente como para que Ren huyera de allí, mientras lo hacía esperaba que ella en cualquier momento lo delatara pero eso no paso, logro llegar a la otra acera junto a Eric y ambos se subieron a la parte trasera del coche negro aparcado a su lado.
—¿Y bien? —pregunto Eric expectante.
—Creo que debemos irnos, aquí a no hay más por hacer —contesto Ren mientras veía como Cora entraba del brazo de su padre a la iglesia.
Ren se quedo mirando aquella entrada mientras se alejaban, no sabía porque pero verla entrar e imaginarse a Dan Walker esperándola le molestaba, le molestaba y mucho.
—Bueno, sabíamos que esto era lo que iba a suceder —dijo Eric rompiendo el silencio —propongo que cojamos algo de comida rápida y vayamos a tu oficina a pensar en el siguiente paso a dar contra Walker.
—Me intriga conocer la razón por la que ella no nos ha delatado, me vio, nos miramos, pero no dijo nada, ni siquiera a su padre ¿Por qué lo haría? —pregunto Ren
—Quien sabe, la mente humana es complicada y si hablamos de una mujer es complicada y rara.
Ambos se rieron, a pesar de todos los años que llevaban vivos ninguno había conseguido entender a una mujer. El coche se detuvo en un pequeño local de comida rápida y Eric se bajo, le encantaba ver de primera mano lo que estaban cocinando y pedía como para un regimiento. Una vez que tuvo todo empaquetado y embolsado volvió al coche. Ren estaba hablando por el móvil y con un gesto al chofer este continuo su camino hacia la oficina. Mientras Ren se guardaba de nuevo el móvil en su chaqueta tras colgar, vio como Eric se sobresaltaba en su asiento.

—Detén el coche ahora mismo y da la vuelta — grito Eric saltando al asiento del copiloto.
—¡Qué demonios haces! —pregunto Ren cuando dio un volantazo que casi mata del susto al pobre chofer.
—No sé si es tu día de suerte amigo, pero si mis ojos no me engañan acabo de ver a Cora Daniels vestida de novia sentada en la parada del autobús, y dudo mucho que ese sea el sitio en el que debiera estar ahora.
Ren lo miro sorprendido, la vio entrar a la iglesia, de hecho ella también lo vio ¿se estaría equivocando Eric? Solo había una manera de comprobarlo. Entonces el coche se detuvo y la vio.
—¿Donde crees que vas? —pregunto Ren al tiempo que sujetaba a Eric por el brazo para evitar que saliese del coche.
—A por ella.
—Quédate un momento aquí, necesito estar seguro de que no es una trampa.
—Ren, esta vestida de novia, despeinada, empapada y sentada en la parada del autobús con un tipo con muy mala pinta ¿Qué clase de trampa puede haber? —pregunto Eric intentando hacer entrar en razón a su amigo, cuando vio que este seguía callado simplemente se acomodo de nuevo en el asiento y espero —está bien, a tu manera entonces.
Ren siguió mirándola desde el otro lado tras el amparo del tintado de sus cristales. Mientras más la miraba, más difícil era reconocer a la chica que acababa de ver en la iglesia. Había soltado su pelo, era largo y negro, tenía las mejillas sonrosadas y la respiración agitada, parecía que había estado corriendo, pero Ren descarto esa idea al acordarse de los altísimos zapatos que llevaba la última vez que la vio. Bajo su mirada hasta sus pies y se sorprendió al verlos desnudos, estaban colgando del asiento de la parada de autobús, los balanceaba como una niña, ahora la idea de la huida no le parecía tan extraña. Cuando vio que el tipo que estaba a su lado le entregaba unas monedas decidió que era el momento de ir junto a ella.
—No esperaba encontrármela aquí señorita Daniels —dijo Ren situándose a su lado de pie con un amplio paraguas negro —espero que no haya sido incomodada de alguna manera —termino mirando fríamente al hombre a su lado.
—Bueno no me dijo como contactar con usted, así que improvise —contesto Cora levantándose y poniéndose en frente de él —y no, él no es el que me incomoda.
Ren reprimió una sonrisa al ver como el carácter de Cora afloraba de nuevo.
—¿Y cómo pensaba llegar hasta mi? —Pregunto Ren intrigado —debo decirle que no es fácil.
—Bueno, pues en autobús.
Ren no pudo evitar sonreír, ella realmente se había ido de su boda corriendo y había acabado en la parada del autobús para ir a buscarlo, esta chica le intrigaba cada vez más.
—Bueno, afortunadamente Eric la vio y detuvo el coche, así que si es tan amable de acompañarme, yo mismo la llevare a las oficinas para que podamos hablar tranquilamente.
Cora miro en dirección al coche negro y vio una cabeza sonriente asomada en la ventanilla trasera, pensó que debía ser Eric, lo había visto alguna vez en televisión pero si se lo hubiera cruzado por la calle jamás lo hubiera reconocido.
Ren se acerco a ella para caminar juntos bajo el paraguas, apoyo su mano en la espalda de ella para guiarla y pudo sentir su aroma, no era perfume lo que olía, era ella, el aroma de su piel mojada era realmente apetecible. Cuando llegaron al coche Eric se bajo sosteniendo otro amplio paraguas. Cora los miro a ambos y ladeo la cabeza pensativa.
—¿Podemos incluir uno de estos paraguas en el trato? —pregunto Cora sin dejar de mirar lo amplios que eran.
—Si lo quiere es suyo, se lo regalo —se apresuro a decir Eric cerrándolo y entregándoselo.
Cora sonrió, lo agarro y echo a correr antes de que ninguno pudiera detenerla. Se puso a la altura del vagabundo de la parada y lo abrió para entregárselo, junto con las monedas y un tierno beso en la mejilla. Antes de que el hombre pudiera decir nada Cora ya estaba corriendo de vuelta junto a Ren y Eric que la miraban estupefactos junto al coche.
—Ya podemos irnos —dijo Cora subiéndose al coche.
Ren se subió junto a ella y Eric se metió en el asiento de copiloto para poder tenerla cara a cara.
—Ahora sí, encantado de conocerla señorita Daniels, me llamo Eric —dijo extendiendo su mano.
—Encantada —contesto agitando su mano con la de él —pero mejor llámame Cora.
—Pensé que no le gustaba que la tutearan —dijo Ren ofuscado.
—Ese apellido indica a que familia pertenezco, bueno, pertenecía, así que no tiene caso seguir usándolo mas ¿no?
Cora se volvió a mirar por la ventana mientras Ren y Eric cruzaban sus miradas. Ella sabía perfectamente que ya no tenía un lugar donde volver, a nadie a quien recurrir y, aunque estaba contenta con su decisión, le dolía pensar que estaba sola.
Eric y Ren permanecieron el resto del trayecto en silencio, Cora se limito a mirar por la ventanilla mientras de vez en cuando se limpiaba una lágrima de su mejilla.
Cuando llegaron al gran edificio el coche entro directo a un parking privado, luego se dirigieron al ascensor y con un código alfa numérico las puertas se cerraron para dirigirse directamente al ático.
Cora no dejaba de mirar a su alrededor, la arquitectura moderna era impresionante, todo acristalado dejando pasar la luz solar por todo el edificio.
—Por favor pasad y acomodaos, ahora mismo vuelvo —dijo Ren abriendo la puerta de su despacho.
Cora entro primero y espero a que Eric le indicara que hacer. Le siguió hasta unos sofás grandes que había mirando hacia la pared acristalada, la vista era impresionante.
—Increíble ¿verdad? —pregunto Eric para romper el hielo.
—Es realmente precioso…
—¿Quieres que avisemos a alguien de que estas aquí?
Cora lo miro y sonrió.
—La única persona a quien puedo acudir esta ahora mismo en un hospital en estado vegetativo.
—¿De verdad no tienes a nadie a quien llamar? —Pregunto Eric sorprendido —no sé, una amiga, un ex novio, alguien a quien acudir si esto no saliese bien.
Cora no se había parado a pensar en la posibilidad de que esto no saliese bien.
—Mi amiga es Tara, ex novio solo tengo a Dan y no creo que quisiera ayudarme y bueno, mi familia tampoco es una buena opción. Aunque siempre puedo volver a la parada donde me encontrasteis y pedir consejo a aquel vagabundo, no parecía que le importase vivir así…
—He de reconocer que eres una mujer muy valiente.
—O muy estúpida —dijo riéndose Cora.
Eric no pudo evitar reír con ella, le encantaba el buen humor que tenia a pesar de todo.
Ren entro en ese momento y se quedo mirándolos reírse, después se dirigió a su gran mesa de Presidente y se sentó; Cora se levanto del sofá y se sentó delante de Ren.
—Bueno, estos serian los términos de nuestro contrato Cora —dijo Ren entregándole unas hojas grapadas.
—Tendré que leerlo detenidamente.
—Básicamente dice que se le suministrara a Tara el tratamiento para que pueda llevar una vida normal, a cambio tendrás que poner tu vida a mi disposición.
—Un momento ¿Cómo que se le dará un tratamiento?
—Es una forma de decir que Ren le dará su sangre periódicamente para que no recaiga —intervino Eric aclarando el punto.
—¿Te parece bien? —pregunto Ren viendo la cara pensativa de Cora.
—No —contesto casi enfadada Cora —usted prometió curarla, no ponerle un parche.
—Bueno Cora…—comenzó a decir Ren.
—Ni bueno ni nada, o la curas por completo o no hay trato —dijo Cora cortándolo mientras se levantaba de la silla enfadada.
—¿Y como se supone que lo haga? —pregunto Ren reclinándose contra su silla poniendo las manos en su regazo cruzadas relajadamente.
—Hazla una de vosotros.
Ren se irguió de nuevo en su silla; Eric lo miraba desde un lateral de la mesa. Convertir a una humana en una de los suyos era algo que Ren no haría nunca, implicaba demasiadas cosas que Cora no entendía. Ren respiro hondo antes de contestar.
—Eso no es posible, la única opción es la que te he dicho, de esta manera también vivirá mucho más que una vida —dijo Ren serio.
—Entonces yo te entrego mi vida y si en algún momento ya no te sirvo o te cansas o simplemente muero, Tara volverá a enfermar y morirá de todas maneras, creo que no es justo.
—Te doy mi palabra de que pase lo que pase contigo Tara seguirá recibiendo el tratamiento que necesita.
—Últimamente no creo demasiado en la palabra de un hombre, si no me garantizas que la trasformaras no hay nada más que hablar.
Ren se levanto furioso, esa chica lograba sacarle de sus casillas, miro a Eric y apaciguo sus ánimos, volvió a sentarse.
—Entonces, ves a despedirte de Tara, porque yo no voy a cambiar de opinión.
—¿Seguro? —pregunto Cora apoyándose en la mesa e inclinándose sobre ella.
Cuando Ren no dijo nada Cora se dio la vuelta y salió por la puerta del despacho.
—¿Vas a dejar que se valla así? —pregunto Eric señalando la puerta cerrada.
—Ha sido un día muy intenso, es mejor que descanse y mañana vera todo de otra manera. Volverá y firmara.
—No tienes ni idea, si dejas que se vaya no la vuelves a ver.
—¿Por qué dices eso?
—No tiene a donde ir, no tiene amigos ni familia que la protejan, en cuanto ponga un pie en la calle estará sola.
Ren sintió un sentimiento de culpa, cuando la dejo ir no pensó que ella estuviera sola, de otra manera jamás la hubiera permitido salir de su despacho. Se levanto de golpe dispuesto a ir a buscarla cuando su secretaria irrumpió en el despacho.
—Disculpe señor Aizawa pero creo que hay un problema con la señorita Daniels.
Eric se volvió para mirarla.
—¿Cómo sabe quién es ella? —pregunto sorprendido.
—Bueno, una de las chicas la reconoció cuando llegaron y…
—Termine por favor —exigió Ren.
—Bueno, la siguieron por las escaleras de incendios haciéndoles fotos y grabándola con el móvil, saben que la exclusiva estará muy bien pagada.
Ren y Eric salieron corriendo del despacho en dirección a la escalera, estaba situada junto al ascensor. Cuando abrieron la puerta empezaron a oír un gran barullo, se asomaron a la barandilla y vieron movimiento unas plantas más abajo. Bajaron tan rápido como pudieron pero antes de llegar a la planta que se encontraba Cora se detuvieron en seco, en la pared había unas manchas rojas, no hizo falta que se acercaran más, su olfato reconocía perfectamente el olor a sangre. El último tramo apenas le costó y cuando llego hasta el tumulto Ren no pudo evitar apartar a toda esa gente a empujones, seguido de Eric imitándolo. Cuando llegaron hasta Cora esta estaba acurrucada en el suelo, con la cabeza metida entre sus rodillas y tapándose con sus brazos llenos de magulladuras, claramente la habían empujado por la pared estucada que le había arañado y raspado cada centímetro de su cuerpo. Cuando Cora levanto su cabeza sus ojos se encontraron con los de Ren, los tenia vidriosos y el olor que emanaba de su cuerpo ya no era el que había aspirado horas antes, este estaba lleno de miedo. Esto enfureció a Ren. Cogió a Cora en brazos y ella enterró su cara en el cuello de Ren. Cuando este se volvió los flases inundaban el hueco de la escalera para tomar la preciada foto. El equipo de seguridad llego en ese instante.
—Evitad que cualquier foto salga de aquí —ordeno Ren —y todos los que están aquí están automáticamente despedidos y, si sale algo de aquí, no tendrán infierno donde esconderse.
Ren lanzo la advertencia enfurecido en un rugido que acallo a la multitud, sus ojos se habían oscurecido hasta verse casi negros, la multitud se aparto dejando que pasara con Cora mientras Eric se quedaba para cerciorarse de que las ordenes de Ren se cumplían.
Ren comenzó a subir el tramo de escaleras con Cora en brazos, la respiración de ella en su cuello logro tranquilizarlo. Cora levanto la vista cuando dejo de oír el ruido a su alrededor a tiempo de ver como su sangre mancha las inmaculadas paredes del edificio.
—Siento haber ensuciado la pared, no era mi intención…
Ren la miro sin dejar de subir los escalones, incrédulo por las palabras de Cora, ella debía haber vivido bajo una enorme presión si se disculpaba por algo así.
—No creo que lo hicieras a propósito…más bien debería disculparme yo por haberte dejado salir así del despacho.
—Hasta donde yo recuerdo no pedí permiso para salir, estábamos en desacuerdo y yo decidí marcharme.
Ren seguía subiendo las escaleras, cada vez le costaba más no volver abajo y romperle los huesos a todos los que habían sido capaces de tocar a aquella pequeña humana.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Cora haciendo que se estremeciese en los brazos de Ren, en su huida de la iglesia se había mojado entera pero hasta ahora no había notado que el frio se le había metido hasta los huesos.
—¿Tienes frio? —pregunto Ren mirándola de nuevo mientras comprobaba que estaba seca.
—Seguramente ha sido el susto lo que me ha dejado helada, no es nada.
La voz entrecortada de Cora no hacía otra cosa que confirmar a Ren que debía estar helada y luchando por no tiritar, la apretó más contra su cuerpo, él podía regular su temperatura y la aumento unos grados para ella. Cuando llegaron al despacho, la secretaria les abrió la puerta y Ren se dirigió directamente a los sofás, la dejo sentada mientras se quitaba la chaqueta y se la ponía encima.
—En el momento en que se disperse un poco la gente me iré —dijo Cora mirando a Ren aun temblorosa en el sofá.
—Espérame aquí, ahora hablaremos de eso —dijo Ren saliendo del despacho para ir a buscar una manta.
Ren salió del despacho y le pidió a su secretaria que le consiguiera una manta mientras llamaba a Eric al móvil, cuando regreso con la manta, Eric ya había subido a reportar lo ocurrido.
—Han sido identificados todos los empleados, requisados los móviles y cámaras y se está procediendo a despedir a cada uno de ellos haciéndoles firmar una clausula de confidencialidad a los que no la tenían —dijo Eric entrando al despacho con Ren.
Ren se dirigió al sofá y se encontró a Cora acurrucada y dormida, había sido demasiado para ella, para cualquiera, le puso la manta por encima y la dejaron mientras se sentaban de nuevo en la gran mesa al otro lado del despacho.
—Ha dicho que se va a ir en cuanto esté todo despejado —dijo Ren mirando desde su posición a Cora dormida.
—¿Y lo vas a permitir? Lo que ha pasado hoy es solo una muestra de lo que le pasara ahí fuera.
—Puedes estar seguro de que no voy a permitir que ella se aleje de mí, tenga que hacer, lo que tenga que hacer.


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Re: Cora Y...

Mensaje por dracanea el Lun Ene 21, 2013 8:50 am

CAPITULO 5
El resto de día transcurrió sin más incidentes, Cora seguía dormida en el sofá arropada bajo la manta mientras Ren trabajaba en su escritorio. De vez en cuando levantaba la cabeza de los papeles que tenía delante para comprobar que seguía durmiendo plácidamente.
Unos leves toques se escucharon en la puerta del despacho y seguido apareció Eric con bolsas de comida.
—Veo que sigue durmiendo —dijo Eric en un tono bajo.
—Creo que llevaba más de una noche sin dormir bien —contesto Ren mirando hacia ella —¿Cómo van las cosas ahí fuera?
Eric se sentó en la silla frente a Ren y dejo las bolsas a su lado sin hacer demasiado ruido.
—Bueno, la verdad es que ahora mismo todo el mundo la está buscando —respondió Eric echando un vistazo rápido a Cora —algunos dicen que tuvo un desequilibrio mental, otros que eso se veía venir y demás comentarios maliciosos que puedas imaginar.
—Creo que no pensé bien en todo lo que le pedía a ella, si te soy sincero, tenía la esperanza de que aceptaría, pero jamás pensé en que hiciera lo que hizo.
—Hay que ser muy valiente o muy estúpida —contesto Eric acordándose de las palabras de Cora.
Desde el sofá se levantaron unos brazos desperezándose. Ren y Eric se levantaron y fueron hacia ella sentándose en la mesita de café frente al sofá mientras Cora se incorporaba.
—Así que no estaba soñando…
Eric le tendió una de las bolsas que llevaba, Cora la cogió y saco un chándal negro de dentro.
—Supuse que no querrías llevar mucho más tiempo ese vestido y como no sabía tu talla…
—Esto es perfecto, gracias ¿Dónde puedo cambiarme?
Ren señalo una puerta detrás de ella, era su baño particular. Cora sonrió y se dirigió hacia allí.
—¿Te has fijado en que ya no lleva apenas heridas en sus brazos? —pregunto Ren al tiempo que Cora se metía dentro.
—Bueno, quizás vimos más de lo que pensábamos, realmente solo fue empujada y demás y de eso hace unas horas ya.
Ren se quedo pensativo, era lógico que en el fragor del momento vieran mas heridas o en peor estado de lo que realmente veía ahora.
Cuando Cora salió del baño llevaba su vestido en la mano. El chándal le venía un poco grande, parecía que lo hubiera heredado de algún hermano mayor, y su pelo lucia ahora recogido en una coleta desordenada que le daba un aspecto entre salvaje y divertido. Volvió al sofá y se sentó de nuevo.
—Y bien, ahora que estas más descansada ¿vas a reconsiderar mi propuesta? —pregunto Ren mirándola directamente a los ojos.
Cora sin apartar la vista le sonrió con dulzura y espero a que él también sonriera para contestar.
—Acabas de robarme la pregunta que iba a hacerte.
Eric no pudo evitar soltar una pequeña carcajada que intento ahogar con un ataque repentino de tos sin mucho éxito.
—Segura entonces de salir por esa puerta ¿no? —volvió a preguntar Ren.
—Tanto como lo estaba hace unas horas.
Cuando Cora hizo ademán de levantarse Ren extendió su mano tocando su brazo para que se volviera a sentar. Aquel simple gesto hizo vibrar el interior de ambos, por un segundo sus miradas se cruzaron preguntándose si el otro habría sentido lo mismo.
—Aunque solo sea semántica tienes razón, te di mi palabra de curarla y así se hará; le pedí a mis abogados que lo redactaran de nuevo.
Ren se levanto, cogió el contrato encima de su mesa y se lo dio junto con un bolígrafo tallado en oro blanco y lapislázuli.
—He dejado ese espacio en blanco para que pongas tu una cláusula, algo para tu beneficio, no veo justo que no obtengas nada directamente para ti —dijo Ren volviendo a sentarse frente a ella.
—¿Puedo pedir lo que quiera? —pregunto un poco reticente Cora.
—Lo que quieras, eso sí, léete primero todo el contrato y pregúntame cualquier duda que tengas antes de firmar.
Cora se echo hacia atrás y subió las piernas al sofá para leerlo cómodamente, no le tomo demasiado repasar cada cláusula. De vez en cuando sonreía ante lo enrevesado de las palabras lo que provocaba que Ren y Eric se miraran encogiéndose de hombros sin saber el porqué de su sonrisa.
Pasados varios minutos Cora levanto la cabeza, miro hacia arriba torciendo la boca hacia un lado pensativa, se golpeo con la punta del bolígrafo varias veces los labios y luego se inclino para escribir con cuidado de no traspasar el papel.
—¿Lo has entendido todo? —pregunto Eric un poco incrédulo.
—Todo todo no lo he entendido, y probablemente vosotros tampoco, tus abogados debieron ir al colegio con los de mi padre porque usan las mismas palabras raras largas que solo sirven para justificar el sueldo que les pagas.
Ren y Eric se rieron, realmente esta chica no era tan tonta como podían haber llegado a pensar.
—Si tienes alguna pregunta es el momento de hacerla —dijo Ren intentando averiguar si ella entendía la magnitud de ese contrato.
—A ver —comenzó Cora —si no he entendido mal, a partir de ahora y hasta que muera mi vida te pertenece, soy algo así como una esclava no sexual como dice en el apartado tres anexo dieciséis. Agradezco que aclares este punto.
Ren se sintió un poco avergonzado, realmente quería dejar claro que ella iba a estar a salvo, que no iba a ser usada como un juguete sexual, por eso dejo bien claro a sus abogados que fueran explícitos en ese tema, lo que no esperaba era tener que enfrentarse a eso cara a cara.
—Bueno…si…no te quiero para eso…—atino a decir Ren entre titubeos.
—Siendo el súper jefe de todo esto me imagino que no te faltaran ese tipo de esclavas a las que no les haga falta firmar nada ¿no?
—Hasta club de fans tiene —rió Eric burlándose de un avergonzado Ren.
Ren golpeo en las costillas a Eric por el comentario antes de serenarse y seguir.
—Entonces ¿te parece bien lo que ahí pone? —reitero Ren.
—Supongo que sí, aunque preferiría saber cómo va a ocurrir el cambio…—Cora se quedo callada —¡mierda! ¿y Tara? Me había olvidado de ella por completo…yo aquí durmiendo y ella a expensas de cualquiera en el hospital…
—Tranquila, en el momento en que te vimos en la parada del autobús Ren llamo al hospital para trasladar a Tara a un lugar seguro, ella ahora está a salvo y a la espera del tratamiento. —dijo Eric clamando a Cora.
—¿De verdad? —pregunto Cora a Ren con angustia.
—Así es —contesto Ren mientras veía el alivio en los ojos de Cora.
—Bueno, pues si te parece bien mi petición firmare ahora mismo, este contrato no cambia lo que he sido toda mi vida, la diferencia no es el perro, es el dueño.
Ren cogió el contrato para leer lo que Cora pedía, estaba dudando entre dinero o la inmortalidad, ambas eran muy buenas opciones, o la inmortalidad inmensamente rica si era un poco lista. Pero al leer las palabras de Cora levanto la cabeza para mirarla, volvió a leerlas y volvió a mirarla, repitió el gesto varias veces hasta que Eric le arranco el papel de las manos nervioso por saber que pedía Cora que había dejado tan atónito a Ren.
—¿Es en serio? —pregunto Eric al terminar de leer las cuatro palabras que había escrito Cora.
Ella asintió con la cabeza.
—Creo que le golpearon más fuerte de lo que pensamos Ren.
—Piénsalo Cora, pide lo que más desees y se te dará, podría ser dinero, popularidad, no sé, lo que se te ocurra —insistió Ren.
—¿Por qué es tan raro que pida dos horas al día que sean solo mías?
—Bueno porque no voy a tenerte las veinticuatro horas esclavizada, este contrato lo deberías tomar como si te fueras de casa a vivir con otras personas, deberás hacer algunas cosas, pero la mayoría del tiempo estarás libre para hacer lo que quieras, si pides dinero podrías comprar lo que quisieras cuando quisieras sin pedir permiso a nadie.
—Llevo toda la vida rodeada de dinero, de cosas que ni siquiera pedía, buena comida y buenos colegios, he tenido todo lo que puedas imaginar…menos tiempo al que llamar mío, si algo quiero es eso.
Ren quiso protestar pero ella tenia razón, que importaba todo lo que podías tener si lo más esencial lo único que el dinero no compra jamás seria tuyo.
—Si eso es lo que quieres por mi está bien, pero creo que desperdicias una ocasión —dijo Ren intentando dar autenticidad a sus palabras a la vez que firmaba mientras miraba fascinado aquella pequeña chica.

Una vez que ambos hubieron firmado Ren le explico que a partir de ese momento ella viviría en su casa, junto con otros igual que él, bueno, casi iguales. Ren era algo así como el Presidente de su raza así que se encargaba de cuidar a los más jóvenes o de dar refugio a quien no tenia.
—Entenderás que por razones de seguridad no puedes ver la ubicación de la casa ¿no? —pregunto Ren tras una pequeña explicación de cómo sería su vida a partir de ahora.
—¿No podré salir de ella? —pregunto Cora un poco agobiada por la idea.
—Por el momento no, tendrás que ganarte nuestra confianza, es un lugar en el que mucho encuentran refugio y donde se llevan a cabo grandes cosas que más tardes comprenderás, así que por ahora deberás permanecer en el recinto. Cualquier cosa del exterior que necesites te será suministrada a través de Eric.
—Puedes pedirme lo que quieras preciosa —dijo Eric guiñándole un ojo.
No le gustaba la idea del encierro pero le parecía normal, era como un jefe de Estado y eso debe requerir una seguridad estricta, lo sabía muy bien gracias a su ex prometido.
Unas lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas ante los ojos atónitos de Ren y Eric. De pronto se acordó de todo lo que había perdido. Pensó en Dan, su Dan, a quien había amado y seguía amando a pesar de que no lo merecía, llevaba todo el día haciéndose la fuerte, pero recordar por un instante a Dan hizo que todo su muro de fuerza se desmoronara, a su mente acudieron los recuerdos de él en la iglesia, a solo unos pasos, esperándola en el altar. Sabía que la decisión que había tomado era la correcta, él no era quien ella había imaginado, pero eso lo sabia su cabeza, a su corazón le iba a costar un poco más entender toda esta situación.
Ren se sentó a su lado, cogió su cara con ambas manos y la obligo a mirarlo.
—¿Estás bien? —pregunto casi en un susurro.
—Necesito un poco de tiempo para asimilarlo, acabo de dejar mi mundo atrás y me va a costar un poco decir adiós a lo que he amado hasta hace unas horas.
Ren la tomo de la mano y la hizo levantarse, se dirigieron hacia la gran vidriera que era la pared y la puso de frente a ella.
—Ahora este será tu patio de recreo —dijo Ren mostrándole desde lo alto del rascacielos casi toda la ciudad iluminada y oscura a la vez.
Cora se volvió para mirarlo con una lágrima resbalando en su mejilla.
—Duele…
Un sentimiento de angustia recorrió a Ren cuando Cora le abrió su alma con tan solo una palabra, no necesitaba que ella dijera nada más, sabía perfectamente lo que le había querido decir. Ren acaricio su mejilla limpiando el camino que había hecho la ultima lagrima y luego alzo su cabeza para que sus ojos entraran en contactó con los de él.
Cora ladeo la cara cuando vio algo tras aquel color verde intenso, un segundo después se desplomo en los brazos de Ren. La cogió en brazos y le dio un beso en la frente que paso inadvertido para Eric que se había retirado a recoger los papeles de Ren y guardar el contrato.
—Será mejor que nos vayamos ya, es tarde—dijo Ren dirigiéndose a un ascensor que había en su despacho.
—Hubiera sido más fácil vendarle los ojos que mandarla a un sueño profundo —contesto Eric que pulsaba el botón y aguantaba la puerta para que Ren pasara con Cora en sus brazos —a menos que no fueras capaz de verla sufrir, en ese caso estas jodido y lo sabes.
—No veo nada de malo en ayudarla a pasar por este mal momento, ahora es parte de nuestra familia ¿no?
—Espero que sea por eso, ya sabes que a ella aun le queda pasar por una prueba, y no es precisamente divertida…
Ren se tenso cuando una recuerdo acudió a su memoria, su mandíbula se endureció.
—A ella le va a doler, pero tu estas jodido amigo, pero bien jodido, y esta vez no vas a poder evitar todo el daño que le van a hacer.
—Lo sé, pero hasta entonces, déjalo estar por favor, no necesito oírte repetirlo.
—Lo dicho Ren, bien jodido.
El ascensor cerró sus puertas mientras Ren apretaba un poco más contra si a Cora.

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Re: Cora Y...

Mensaje por dracanea el Lun Ene 21, 2013 8:50 am

CAPITULO 6
—Ren, sabias que esto iba a pasar, tienen que llevársela, esas son las reglas, y ni siquiera tu puedes evitar eso —dijo Eric intentando calmar a Ren.
—Sé cuales son las reglas —grito —pero debían haber esperado, hoy ha sido un día muy duro, tú la has visto, esta a punto de romperse, es como un jarrón de porcelana y se la he entregado a un grupo de niños para que jueguen.
La frustración se notaba en la voz de Ren, no esperaba encontrarse en el garaje con el equipo de filtro, ellos se encargaban de que cualquier humano que fuese a formar parte de su mundo pasara por una prueba que demostrara si iban a ser leales llegado el momento.
El equipo prácticamente le arrebato a Cora de los brazos, la metieron en un todoterreno negro con los cristales tintados y arrancaron lo suficientemente rápido como para que Ren lograra ser contenido por Eric.
—No serán demasiado duros con ella, saben que su situación es especial...
—Eso nunca los ha detenido —gruño Ren acelerando su deportivo —sé que no puedo intervenir, y sobretodo sé que me va a resultar imposible quedarme quieto, por eso necesito que tú vigiles toda la operación.
Eric se quedo pensando en la petición de Ren, él tampoco estaba seguro de poder resistirse a intervenir pero al menos debía hacer el esfuerzo por Ren.
—Esta bien, vigilare todo desde los monitores, si voy allí seguramente ella pueda reconocerme o ellos quieran que participe, y eso si que no puedo.
—Lo entiendo, con que estés atento a ella por las cámaras me vale.
La música de pronto se corto y comenzó a sonar el tono del móvil de Ren por los altavoces. Pulso un botón para descolgar y espero a que hablaran del otro lado de la línea.
—Señor Aizawa, tenemos un problema con la paciente, la señorita Tara Donalson esta rechazando el tratamiento.
Las manos de Ren se tensaron alrededor del volante.
—¿Como que hay un problema?
—Parece ser que la sangre que usted le esta donando se come la que ella tiene de humana, la destruye, si el proceso sigue tal y como hasta ahora, en pocas horas tan solo quedara su sangre en el cuerpo de la chica y no es suficiente para que viva.
—Esta bien, voy para allí.
Ren colgó inmediatamente y acelero el coche al máximo.
—Necesito ir allí ahora mismo, nunca se me ocurrió la idea de que esto no funcionara, jamás había pasado —dijo Ren preocupado.
—Esta bien, yo me encargo de Cora y si hay algún problema te aviso —contesto Eric corroborando que el plan seguía igual —¿como es posible que tu sangre se coma la suya?
—No lo se, y espero que encuentren una polución antes de que tenga que decirle a Cora que su lucha ha sido para nada.

++++++++++++++++++++++++++++++++++++

Cora se despertó atada a una silla. Lo último que recordaba era estar mirando a Ren a los ojos, después de eso, nada. El agarre era fuerte, le dolía la posición de sus brazos, sus hombros hacia atrás y sus muñecas en contacto directo con la cuerda. Respiro profundamente tratando de serenarse.
—A ver Cora —comenzó a decir susurrando para si misma —piensa que pasa...estoy en una habitación de madera, que se mueve y me revuelve el estomago…¡un barco! —Exclamo como si hubiera descubierto oro —¿un barco? —Se pregunto esta vez extrañada — no hay nada a mí alrededor, estoy en el centro y solo hay una puerta frente a mí con una pequeña ventana redonda.
Cora giro la cabeza para intentar mirar tras de ella.
—Tampoco hay nada detrás, solo pared y...espera...—dijo Cora mirando una de las esquinas —claro, estoy siendo vigilada.
Una sombra se movió fuera de la puerta y de pronto el sonido de una llave girando hizo que Cora se estremeciera de pies a cabeza.
Cuando la puerta se abrió un tipo grande, moreno con brazos como piernas de anchos y cara de no querer tener una conversación entro.
No lleva la cara tapada pensó Cora mal asunto...
—Bueno, bueno princesa, por tu cara veo que no tienes ni idea de porque estas aquí ¿verdad?
—No es como si hubiera recibido una invitación para saberlo ¿no? —contesto Cora aterrada pero dispuesta a disimularlo.
—Una valiente, me gusta cuando peleáis...
El chico se acerco a Cora lentamente, ella no dejo de mirarlo a los ojos en ningún momento; cuando estuvo a unos centímetros de ella simplemente levanto el puño y asesto un golpe contra su estomago sin mayor problema, se notaba que disfrutaba de la violencia.
Cora dejo de respirar por unos segundos, no era capaz de coger aire, no esperaba el golpe ni la falta de aliento y eso hizo que sus nervios brotaran en una risa que no podía controlar.
—Creo que esto me va a gustar mas de lo que debería —dijo el tipo agachándose y mirando a Cora a pocos milímetros de su cara.
—Bueno, estas aquí por una simple razón, sabemos que has firmado un documento con Ren Aizawa, motivo por el cual dejaste a tu prometido y a tu familia en el altar ¿que dice ese documento?
Cora lo miro, sabía que si él no tapaba su cara era porque no tenía miedo a ser reconocido y eso, probablemente solo significaba que ella no iba a salir viva de allí. Por un momento pensó en contar todo, confesar, porque aun le dolía el estomago del golpe y no estaba segura de cuanto mas podría aguantar.
—¿Que ganas con saberlo? —pregunto casi sin pensar Cora sorprendiendo al tipo que la miraba con sonrisa maliciosa.
—Poder, la información es poder muñeca, y estoy seguro que hay un hombre despechado que estaría dispuesto a pagar muy bien por saber que diablos le paso a su prometida esta tarde.
Cora sintió ganas de vomitar, era eso, dinero, a eso se reducía todo, algo que ella tenia antes a raudales y que ahora hubiera entregado sin pensar por evadir aquella situación. Se quedo pensando, si decía lo que había ahí escrito seguramente acusarían a Ren de algo como secuestro o esclavitud, y seguramente dejaría de ayudar a Tara...no podía hacerlo, había llegado muy lejos para que ahora un oportunista lo echara todo a perder; Ren había dejado claro que si a ella le pasaba algo Tara seguiría recibiendo su sangre, así que la decisión era sencilla, dolorosa, pero sencilla.
—No se de que documento me hablas —dijo Cora intentando hacerse la tonta por si colaba.
—Ya te he demostrado que no me va a dar pena golpearte porque esas una chica, así que es mejor que me digas que ponía antes de que las cosas se descontrolen por aquí.
Cora se quedo callada demostrando cual era su posición, el tipo no lo dudo y en dos zancadas volvió a ponerse frente a ella y volvió a asestarle otro golpe en el estomago, esta vez más fuerte que el anterior, la silla se tambaleo y acabo cayéndose hacia atrás golpeando el suelo con sus brazos atados.
Dolía, realmente dolía mucho, el tipo la cogió del respaldo con una mano y levanto la silla sin el menor cuidado provocando otra ola de dolor por toda la espalda. Las lágrimas de Cora comenzaron a brotar sin que ella pudiera hacer nada por detenerlas, el tipo simplemente se rió, se acerco y lamió sus mejillas para probar el sabor de sus lágrimas, esto provoco un sentimiento de asco y rabia en Cora que jamás había sentido.
—Bueno muñequita, ahora que veo que te duele seguiré por el mismo camino, contare hasta cinco y te golpeare, de la misma manera, tantas veces como llegue al cinco, hasta que decidas hablar.
El tipo comenzó a contar lento, alargando la agonía, y cuando llego a cinco la golpeo, volvió a tirar la silla, la levanto y empezó a contar de nuevo. Esta misma escena se repitió al menos diez veces más; cada vez la cuenta era más rápida y la impaciencia por golpear a Cora aumentaba en el tipo. Cuando vio que no iba a conseguir nada por ese camino saco de su bolsillo una bolsa transparente, de las herméticas para conservar comida en el congelador.
Sin decir nada se la coloco a Cora en la cabeza y apretó, el sentimiento de asfixia recorría cada parte del cuerpo de Cora, ahora el dolor había quedado en un segundo plano, la sensación de no poder respirar era el mayor agobio al que jamás se había enfrentado, notaba como su cabeza comenzaba a nublarse y de pronto una bocanada de aire entro en sus pulmones reavivándola.
—Veo que te gusta mas este juego, bueno pues juguemos entonces.
Volvió a meter la cabeza de Cora en la bolsa y repitió la jugada, cuando Cora estaba a punto de quedarse sin aliento él le daba un respiro. El pánico crecía dentro de ella, quería hablar, gritarlo todo, pero sabia que no podía hacerlo, solo deseaba que ese tipo lo entendiera e hiciera lo que tuviese que hacer para acabar con todo esto.
Había pasado más de una hora desde que aquel psicópata había comenzado a golpearla, a ella le había parecido una eternidad, golpe tras golpe aguanto, cada vez que le ponía la bolsa ella cerraba los ojos e intentaba recordar algo agradable, pensó que si ese era su final su ultimo pensamiento iba a ser bonito, era algo que nadie le podía arrebatar.
—Creo que no has entendido que vas a acabar hablando —dijo el tipo claramente desesperado por la situación —no voy a hacer nada que haga que mueras antes de que me digas que demonios ponía en ese maldito papel, lo que si que voy a hacer es que me supliques por que te mate.
Cora lo seguía mirando impasiva, las lágrimas rodaban por su cara, pero ningún sentimiento se reflejaba en ella.
—Sabes —comenzó a decir el tipo —mirándote bien seria un desperdicio no aprovechar ese cuerpo que intuyo que tienes debajo de ese chándal.
El tipo abrió la cremallera de la chaquetilla del chándal que ella llevaba, debajo tan solo tenia puesto su sujetador de encaje fino, el cual debería haber visto su marido y no ese tipo asqueroso.
Cora se tenso cuando un dedo comenzó a recorrer su cuello y fue bajando hasta tomar camino hacia uno de sus pechos. Cuando él estaba a punto de tocar la piel debajo del sujetador el sonido de un móvil hizo que se sobresaltara y saliera del hipnótico momento que estaba viviendo mientras acariciaba la piel de Cora.
—¡Que coño quieres! —dijo enfadado por la interrupción.
Cora lo miraba, estaba de espaldas y no sabia quien le estaba hablando pero cuando el tipo escucho la voz del que lo había llamado su actitud cambio de psicópata a perrito mojado. Debió recibir algún tipo de orden porque salio sin mirar a Cora mientras seguía hablando por el móvil.
Lo primero que pensó Cora, siempre optimista, era que quien los vigilaba desde las cámaras de las esquinas no quería que llegara a ese extremo con ella, luego lo pensó mejor y quizás el problema era que lo que no querían los de las cámaras era solo mirar.
—Piensa rápido Cora —se dijo así misma —hay que intentar salir de aquí.
Dándose ánimos empezó a retorcerse en la silla para intentar soltar las cuerdas, estaban aflojadas por los golpes contra el suelo, pero no lo suficiente como para soltarse. Se puso de pie como pudo para intentarlo de nuevo pero era imposible, lo único que se le ocurrió fue recurrir a lo que recurre todo personaje de cine en esa situación, respiró hondo, contó hasta tres y salio disparada hacia atrás contra la pared dándose contra ella lo mas fuerte que pudo para romper la silla de madera. A la primera no lo consiguió, pero el cuarto intento fue el definitivo y pudo liberarse.
Lo primero que se le ocurrió fue ir hacia la puerta para abrirla, parece la opción más estupida, pero resulta que aquel tipo era mas estupido aun, o quizás estaba seguro de que atada a la silla no seria mucho problema, incluso si logra liberarse y salir estaba en un barco y aun no sabia muy bien donde; tantos problemas empezaron a abrumarla; pensaba que soltarse era igual a libertad y se había equivocado demasiado.
Abrió la puerta lentamente como si eso sirviera para algo, salio y cerro tras de ella. Un pasillo largo estaba frente a ella, al final unas escaleras sobre las cuales aparecía algo de luz, demasiado oscuro para ser de un cuarto así que debía ser un acceso a la cubierta. Llego hasta las escaleras y vio el móvil que antes había contestado el tipo tirado sobre una mesa de madera pequeña que se encontraba a los pies de la escalera.
—Que no tenga clave, que no tenga clave por favor —se repitió Cora mientras cogia el Iphone y lo desbloqueaba sin ningún problema.
Bueno, ahí tenia una manera de contactar con el exterior, aunque no sabia como la iban a encontrar, quizás con la señal de GPS si ella se tiraba al mar, pero si lo hacia se mojaría y no serviría para nada mas que no fuera un pisapapeles.
—La bolsa…—susurro Cora girándose hacia la puerta de la habitación en la que había estado encerrada.
Allí, en el suelo, estaba la bolsa hermética que había usado aquel tipo para asfixiarla, lo inteligente seria ir a cogerla pero en ese lapso de tiempo podía regresar y estaría atrapada como al principio, pero si no la cogia probablemente estaría atrapada en ese barco. Sin pensarlo demasiado se lanzo en una carrera hacia la habitación, cogio la bolsa, metió el móvil, la cerró y lo metió en el bolsillo de su chaqueta el cual gracias a Dios llevaba cremallera. Salio corriendo más rápido de lo que había entrado y subió las escaleras de dos en dos, cuando llego arriba un golpe de brisa marina hizo que todo su cuerpo se estremeciera, aun no se había cerrado la chaqueta desde que aquel tipo se la abrió. Subió la cremallera, se agacho y comenzó a mirar a su alrededor.
El barco era como un yate, grande, con una cabina desde donde alguien lo manejaba por encima de la cabeza de Cora, el suelo de madera crujía bajo sus pies cuando comenzó a gatear para alejarse de aquella puerta lo más que pudo.
Estaba tan concentrada en alejarse que no oyó la madera crujir detrás de ella un segundo antes de que notara un tirón del pelo que la obligo a levantarse gritando por el dolor.
—Vaya, vaya, no pensaba que fueras tan lista —dijo el mismo tipo que ahora volvía con una sonrisa enfurecida en su rostro —si querías ver las estrellas conmigo solo tenias que decirlo.
Aun sujetándola por el pelo la llevo a un extremo del barco y le mostró el cielo, totalmente despejado y con una media luna que en otras circunstancias le hubiera parecido preciosa a Cora.
—¿Qué pensabas hacer? No hay muchas opciones para salir de aquí…
—Cualquier opción es mejor que quedarme viendo la cara de idiota que tienes —contesto Cora enfadada por haberse dejado coger tan fácilmente.
—Bueno, veamos, la opción mas lógica seria saltar y nadar, fíjate —dijo tirando del pelo hacia un lado para obligarla a girar la cabeza — la ciudad esta allí, no estamos tan lejos, solo lo suficientemente lejos para que no nos molesten….pero quizás no sabes que esta zona esta infestada de tiburones que se alimentan por la noche de pequeñas cositas deliciosas como tu.
—Mientes —contesto Cora pensando que él se estaba cubriendo las espaldas por si se le ocurría saltar.
—Así que miento ¿no? Bien, te demostrare que no es así.
La sujeto del pelo mientras sacaba un walkie de su bolsillo, presiono un botón y pidió que iluminaran con el foco y que alguien viniera a sacar la carnaza. Poco después un hombre igual de terrorífico apareció con una caja llena de carne ensangrentada y despellejada de algún animal y sin hablar la puso en el borde y lanzo un pedazo. El tipo que tenia a Cora sujeta la obligo a mirar donde había tirado el trozo de carne iluminado ahora por el foco. Pronto unas figuras gigantes comenzaron a aparecer alrededor de la luz, se veía movimiento pero no se distinguía que ocurría hasta que una mandíbula gigante apareció de la nada y engullo el trozo de carne que había lanzado dejando solo un rastro en el agua de la sangre que lo empapaba.
—¿Ves como si que hay tiburones princesa?
El tipo realmente lo tenía preparado, no estaba segura de cómo de lejos estaba dispuesto a llegar con esos bichos ni cuando hubiese sido el momento, pero de que era un psicópata con futuro en la profesión, de eso Cora no tenia ninguna duda.
Estaba jodida, si lo que había pasado en la habitación le había parecido malo lo que aun no había pasado debía ser terrible. Casi sin pensar, porque de otra manera no lo hubiera hecho, le dio una patada a la caja con la carnaza que aun sostenía en el borde y esta cayo al mar. Sintió como tiraban de su pelo hacia atrás hasta empujarla contra el suelo, cayo de culo casi un metro atrás de donde estaban los dos hombres que ahora discutían por quien era más idiota. Cora los miro un segundo, segura de que no le prestaban atencion, se levanto rápidamente y corrió en dirección opuesta a donde se encontraban. Oyó una gran carcajada que seguramente provenía de su agresor pero ella no se detuvo ni miro hacia atrás. Cuando llego al otro extremo del barco simplemente tomo impulso con la barandilla y salto. Antes de llegar al agua supo dos cosas: que el impacto le iba a doler y que si salía de esta no volvería a nadar en el mar sola nunca más.


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Re: Cora Y...

Mensaje por dracanea el Lun Ene 21, 2013 8:51 am

CAPITULO 7
—Bueno doctor, explíqueme que pasa con Tara — pidió Ren esperando no haber llegado demasiado tarde.
—Es algo extraño, jamás hemos tenido un caso aquí así, de hecho, en ningún lado; he consultado a colegas de otros hospitales y nadie a topado con un caso como este —contesto el medico con fascinación.
—¿Entonces?
—Bueno, ella esta débil, apenas tiene constantes y no pasara de esta noche…
—Tiene que haber algo que podamos hacer…simplemente esto no puede acabar así de rápido —dijo Ren pensando no solo en Tara —además, ella recibió mi sangre antes y no paso esto ¿Cómo puede ser?
—He investigado lo que paso en el hospital humano y ella recibió una gran cantidad de trasfusiones de sangre, ocurrió exactamente lo mismo, solo que la mantenían tan sedada que su cuerpo apenas tenia fuerzas ni para consumirse a si mismo.
—Algo debe de poder hacerse ¿no?
—Lo único que se nos ha ocurrido es sustituir toda la sangre de ella por la suya, drenarla totalmente e inyectar solo sangre suya en el torrente sanguíneo.
— Si esa es la única opción que tenemos no tengo objeción alguna, dígame a donde tengo que dirigirme.
El medico le indico el camino; pasaron por un pasillo lleno de habitaciones cerradas, al final, en un mostrador, una enfermera estaba esperándoles. Sonreía picaramente a Ren, no era la primera vez que lo veía allí y esperaba que no fuera la ultima. Le pidió que la siguiera hasta la habitación de Tara, allí acomodo un butacón junto a la cama. En el brazo derecho de Tara había una aguja insertada que iba conectada a una gran bolsa vacía, en el otro brazo le pusieron el mismo mecanismo pero en vez de estar conectada a una bolsa, estaba conectada a Ren. El medico se posiciono a un lado de la cama y la enfermera al otro, a la cuenta de tres giraron como un pequeño torniquete que llevaba la aguja y la sangre comenzó a fluir, una hacia dentro, otra hacia fuera.
Ren había sacado su portátil dispuesto a aprovechar el tiempo trabajando un poco, necesitaba mantener la cabeza ocupada mientras Cora era sometida a la prueba. Pasada una hora, Ren se sentía un poco débil, aunque ese estado le duraría unos minutos después de desconectarse, su cuerpo se regeneraba con rapidez de cualquier pérdida. Decidió tomar un descanso y llamar a Eric para ver que tal iba el tema.
—Hola Eric ¿Cómo va todo con Cora? —pregunto un poco sin querer saber la respuesta.
—Bien, lo esta haciendo muy bien, te sorprendería el aguante que tiene nuestra pequeña —dijo Eric con orgullo.
—¿Quién esta con ella?
— Esta Jay…
—¿Quién mierda ha permitido que sea ese psicópata quien haga la prueba? —pregunto Ren gritando por lo que la enfermera coqueta entro corriendo, pero al ver que estaba al teléfono, y que su mirada sexy se había convertido en furia, decidió salir tan rápido de la habitación como había entrado.
—Cálmate Ren, yo también hubiera preferido a otro pero pensaron que como era un caso especial debían usar a alguien “especial”
—Si por especial se refieren a jodido psicópata entonces han acertado de pleno ¿le ha hecho mucho daño?
—Bueno…bien no lo esta pasando, pero he de decir que esta logrando sacar de sus casillas a Jay, no ha logrado sacarle ni una palabra desde que empezó hace una hora.
Ren sonrió para si mismo, sentía orgullo de esa chica, apenas la conocía pero algo tiraba de él hacia ella.
—Oye Ren, te dejo que necesito tener unas palabras con Jay —dijo de pronto Eric un poco alterado.
—¿Qué ocurre?
—Mejor que no lo sepas, luego te llamo para contarte todo, por ahora mantente al margen.
Y colgó. Ren se quedo preocupado, la urgencia de Eric era por algo que estaba viendo, solo esperaba que Jay no hiciera a Cora tanto daño como para dejarle algún tipo de secuela. Ese pensamiento le hizo respirar más fuertemente, pero se obligo a empujarlo dentro de su mente y confiar en que Eric se encargaría de todo igual o mejor de lo que él mismo lo hubiera podido hacer.
Aun ensimismado noto como algo tocaba su mano, se sobresalto de tal manera que casi tira su ordenador. Al mirar que era se dio cuenta de que una pequeña mano estaba tocando la suya, era la de Tara.
—Eso es preciosa —dijo Ren apretando su mano —, sigue aquí.
Ren apretó el botón para emergencias encima de la cama y pronto aparecieron un grupo de medico que rodearon la cama y empezaron a revisar a Tara. Ren quiso apartarse pero ella, aun sin abrir los ojos, no soltaba su agarre, así que decidió permanecer junto a ella mientras había un gran alboroto a su alrededor.
—¿Qué pasa? —pregunto al ver como todo el mundo cuchicheaba sin darle ninguna explicación,
—Es asombroso, tu sangre era la forma de curarla y que ella se convirtiera en uno de nosotros, pero esto, este proceso en si tarda meses, incluso años en pacientes que estaban al borde de la muerte —dijo fascinado el medico —sin embargo ella…
—¿Ella que?
—Ella ha logrado cubrir todo el proceso y, si no me equivoco, ya es una de los nuestros.
Ren se la quedo mirando asombrado, pocas veces había trasformado a alguien sus larga vida, pero jamás de una manera tan rápida, es mas, por lo que él sabia, nadie lo había hecho tan rápido nunca.
—Necesitamos hacerle pruebas para confirmar mis palabras y —dijo el medico mirando a Ren buscando una aprobación a lo que seguía —si todo esta bien, nos gustaría estudiarla detenidamente para saber porqué ella es diferente.
Ren pensó unos segundos en esas palabras, estudiarla no sonaba a plan divertido exactamente, pero si lograban averiguar porque el cambio se había producido con tanta rapidez quizás podrían explicar algunas incógnitas sobre ellos mismos que aun no entendían.
—Si ella esta bien, me refiero, si realmente se ha producido el cambio y demás, seria interesante saber que ha pasado, pero aunque yo crea que esta bien es a ella a quien hay que preguntarle —contesto señalando a Tara.
—Lo haré —contesto con una débil voz Tara ante la sorpresa del medico y de Ren —si eso es lo que quieres lo haré.
Tara miraba con devoción a Ren, se sentía cansada pero bien, como si hubiera dormido tantos meses que no pudiera levantarse de un salto pero sabiendo que podría hacerlo.
—Ya hablaremos de eso, ahora ¿estas bien? —pregunto Ren sentándose a su lado mientras la ayudaba a incorporarse.
El medico se disculpo y salio de la habitación para empezar a organizar todo lo que quería hacer con Tara.
—Bueno, aun un poco cansada pero totalmente relajada, como si tuviera un cuerpo nuevo.
—Y en parte así es, ahora eres una de los nuestros ¿te acuerdas de que ha pasado?
—Me acuerdo de cada segundo que estuve postrada en esa cama de hospital, de cada palabra que se dijo delante mío, incluso cuando ya solo era un vegetal, lo recuerdo todo, incluso el trato que quisiste hacer con Cora y que supongo que ella no acepto ya que no volvió a visitarme…no me sorprendió...aunque si me dolió…
Ren se quedo mirándola mientras procesaba sus palabras, ella no sabia que Cora lo había hecho finalmente, pensaba que la había abandonado, seguramente debido a que estaba sedada, pero no le sorprende que Cora la dejara morir…él apenas la conocía y le hubiera sorprendido y mucho que la dejara a su suerte aun sabiendo que el precio a pagar era muy alto, pero Tara parecía que tenia serias dudas sobre su amiga.
—¿Por qué crees que ella te dejaría morir? Por lo que sé no dejo de ir a verte ni un solo día desde que enfermaste —pregunto Ren curioso.
—Bueno, si, pero no fue por mi, fue una promesa que le hizo a mi madre, es a ella a quien quería no a mi…
—Quizás estas equivocada porque ella si que acepto el trato.
Tara se quedo callada pensando, creía que Ren no había sido capaz de dejarla morir y deberle a Cora su cura no era algo que le gustara demasiado.
—¿Seguro?
—Incluso dejo a su prometido plantado en el altar por ti…
Tara abrió la boca sorprendida por esa revelación, más que sorprendida incrédula. Ren la vio y decidió explicarle todo desde el principio, como habían engañado a Cora y como ella se había dado cuenta en el ultimo momento de todo y salio corriendo, literalmente, de la iglesia. Incluso le contó que ahora mismo estaba siendo sometida a una prueba para ver si se podía confiar en ella.
—¿Y a mi no me tienen que hacer ninguna prueba de esas? —pregunto Tara cortando el relato de Ren.
—Tú eres una de las nuestras, sólo por eso tenemos confianza en ti.
Esas palabras hicieron sonreír a Tara, se sentía superior al resto del mundo, había encontrado su lugar.
—Me alegro de que confíes tanto en mí —contesto coquetamente Tara.
—Bueno, eres parte de la familia ahora, entonces ¿entiendes que fue Cora quien te salvo de morir?
Tara cambio su cara alegre por una de disgusto, frunció el ceño y lo miro a los ojos.
—Sé que gracias a ella estoy aquí, pero como tú has dicho, ahora soy parte de vuestra familia y deberías saber que Cora no es tan buena como parece.
Las palabras de Tara destilaban puro veneno, Ren no entendía porque era así con la persona a quien le debía la vida, esta historia no era tan sencilla ni bonita como él se había imaginado en un principio.
—¿A que te refieres? —pregunto Ren intrigado y preocupado por no tener todo bajo control como él creía.
Cuando Tara se acomodo en su sitio para empezar a hablar el teléfono de Ren sonó, era Eric. Sin pensar dos veces lo descolgó levantándose del lado de Tara.
—¿Qué ocurre? —pregunto Ren sabiendo que algo estaba mal.
—Es Cora, ha pasado algo…¿tienes un ordenador a mano?
—Si, tengo el portátil aquí mismo —se apresuro a responder.
—Esta bien, te paso un video, necesito que lo veas y que estés tranquilo.
Ren se sentó de nuevo en el sillón en el que había estado durante la trasfusión y puso el portátil en sus rodillas, espero unos segundos hasta que vio que en su bandeja de entrada había un nuevo mensaje de Eric. Lo abrió, descargo el video y se dispuso a verlo, respiro profundo mientras le daba al botón de Play.
Las imágenes se veían en blanco y negro, de mala calidad, eran de una cámara de seguridad. Se veía a Cora en medio de la sala atada a una silla, estaba sola. Empezó a despertar y a girarse para ver que había a su alrededor; cuando Cora miro a la cámara de seguridad Ren se quedo sin aliento durante un segundo, es como si lo hubiera mirado a él directamente. Tras esto se veía a Jay entrar, dirigirse a ella y asestarle un puñetazo sin ningún tipo de miramiento. Ren se tenso en su asiento, decidió pasar el video en modo rápido, al hacerlo se dio cuenta de que la grabación duraba mas de una hora, lo que significaba que ante él tenia mas de una hora de tortura.
—¿Por qué demonios quieres que vea esto? —pregunto Ren molesto.
—Necesito que pases el video hasta que Jay le baja la cremallera a Cora y le deja en ropa interior —Eric casi podía oír la mandíbula de Ren crujir de la rabia — tranquilo, es en ese momento que te dije que debía tener unas palabras con Jay.
Efectivamente se veía como Jay recibía una llamada inmediatamente después de dejar a Cora semidesnuda ante él. Salio de la habitación hablando por teléfono y la dejo allí sola. El video continuaba con Cora levantándose a duras penas y estrellándose contra la pared una y otra vez hasta que estuvo liberad de la silla.
—Muy bien pequeña —susurro Ren.
—Mas que eso, atento ahora —dijo Eric desde el otro lado.
El video mostraba como Cora salía de la habitación, entonces la imagen de la cámara cambio, paso a verse la imagen desde una cámara exterior a la habitación, se vio a Cora como corría por el pasillo y se detenía frente a las escaleras, cogió algo de una mesa de madera pequeña, desde la perspectiva de la cámara no se distinguía lo que era, luego volvía corriendo a la habitación y salía de nuevo metiendo el objeto en la bolsa de plástico para después depositarlo en el bolsillo de su chaquetilla.
—Aun no se ha dado cuenta de que lleva la chaqueta desabrochada —dijo Ren pensando en voz alta.
La cámara volvió a cambiar y esta vez se veía a Cora agachada, Ren tenía el corazón acelerado, él había visto como se le acercaban por detrás a Cora sin que ella se diese ni cuenta.
—¡Gírate! —grito Ren como si pudiera cambiar lo que iba a ver.
—Lo que vas a ver a continuación es lo que quería explicarte —comenzó diciendo Eric mientras Ren veía como acercaban a Cora al borde del barco y la asomaban.
—¿Van a usar a los tiburones? ¿Es eso lo que quieres decirme? —Pregunto Ren realmente enfadado —¿Cómo se supone que va a confiar en nosotros si habéis permitido que tenga un tiburón a centímetros de la cara?...espera…¿le ha mordido el bicho?
El video ya estaba en el punto en que Cora había sido empujada contra la cubierta.
—Y allá vamos —logro decir Eric antes de que en un giro rápido de cámara se viera como Cora se lanzaba al mar.
Se hizo el silencio en ambos lados de la línea. La imagen se lleno de tipos fornidos asomándose por la cubierta por donde había saltado Cora corriendo de un lado a otro.
—Dime que alguien salo tras de ella —dijo Ren en un tono muy serio y sereno.
—Les ordene que lo hicieran, pero ninguno salto, justo al otro lado estaban los tiburones furiosos por la comida que les había caído y no se atrevieron a saltar….
—¿Entonces? —pregunto casi en un susurro Ren por miedo a que la respuesta fuera no volver a ver a Cora.
—Eso es lo que no se decirte, ella no aparece, ni su cuerpo… estamos tratando de encontrar algún indicio…
Ren estaba totalmente bloqueado, no esperaba que esto acabara así, ni en un millón de vidas hubiera pensado que Cora saltara por el barco.
—Esta bien —comenzó diciendo Ren intentando buscar una solución —ahora mismo salgo para allí, nos reunimos en el muelle y comenzamos la búsqueda con lanchas, coordina un equipo para cuando llegue.
—Ya están preparados, tenemos diez lanchas equipadas con focos para poder ver durante toda la noche.
—De acuerdo, ahora nos vemos —contesto Ren y colgó.
Tara lo miraba desde su cama, Ren se había olvidado por completo de ella, ni siquiera estaba centrado como para situarse en la habitación, sus pensamientos iban dirigidos a buscar a Cora en mitad del océano y encontrarla viva.
—Debo irme, ha pasado algo —dijo Ren recogiendo su portátil con rapidez.
—¿Es por Cora? —preguntó Tara con un toque de envidia.
—Así es, ella…ella esta desaparecida…
—No estés tan preocupado, ella no desaparece, estará escondida, es lo que le enseñaron a hacer, seguramente huyo porque no soportaba la idea de estar cerca de no humanos.
Ren la miro sorprendido, buscando quizás un poco de preocupación en los ojos de Tara por la persona que le había salvado la vida, pero no encontró nada.
—Ella no se ha ido sin más, estaba siendo probada y con probada me refiero a torturada, y simplemente escapo, se lanzo al mar, en la noche, y ahora no podemos dar con ella.
Ren esperaba que Tara se avergonzara por lo que había pensado segundos atrás, pero parecía disfrutar con la idea de Cora siendo torturada.
—Si es así despreocúpate, ella esta preparada para aguantar un simple chapuzón nocturno, así que quédate conmigo por favor —contesto Tara arrastrando las palabras como una niña pequeña.
Ren empezaba a no entender nada y, sobretodo, a estar seriamente enfadado con la actitud que estaba teniendo Tara de niña malcriada.
—Explícate de una vez o me voy, no tengo demasiado tiempo ni paciencia — ordeno Ren enfadado.
Tara resoplo contrariada por tener que ser de nuevo el segundo plato, se sentía siempre así con Cora, Tara nunca era el centro de preocupación de nadie mientras que Cora parecía tener una corte de súbditos dispuestos a todo por ella.
—El matrimonio de Cora estaba concertado prácticamente desde que supieron que era niña así que desde su nacimiento la han preparado para aguantar todo lo que algún día hubiera debido aguantar si alguien intentaba hacer chantaje a su novio a través de ella.
—Te refieres a que si la hubieran torturado para que el señor Walker hiciera lo que los secuestradores querían ¿la hubieran dejado a su merced? —pregunto Ren sorprendido.
—Eso es.
—¿Qué clase de locos tiene por padres?
—No es que estuvieran locos, es que fueron precavidos. Por eso Cora desde niña ha aprendido a aguantar el dolor y la supervivencia es parte de su vida. Recuerdo como con doce años su padre la lanzaba del yate de la familia y le decía que la verían en tierra firme a la hora de comer, después arrancaba y la dejaban atrás.
Ren sintió unas ganas incontrolables de romper cada hueso de los padres de Cora, no entendía como podían hacerle algo así a su propia hija, dejarla a su suerte, y luego su raza era llamada monstruos por parte de tipos como la familia de Cora, era de locos.
—¿Y ella? ¿Estaba bien con eso?
— Es con lo que creció, no es que tuviera mucha mas alternativa, recuerdo —dijo Tara sonriendo como si fuera a contar una anécdota graciosa —la primera vez que la lanzo ella estaba aun vestida, con un trozo de comida en la boca, sin previo aviso la lanzo y ella se paso llorando todo el camino de vuelta a la orilla incluso hasta que llegamos a casa no paro de sollozar.
Ren estaba dando vueltas ahora alrededor de la habitación, enfadado con Tara por hablar de una forma tan banal sobre Cora, con el señor Walker por permitir que todo eso le pasara, a los padres de ella por anteponer la política y el dinero a los sentimientos de una niña y, sobretodo, enfadado consigo mismo por creer que Cora no era mas que una niña rica que había vivido entre algodones.
—Sé que parece horrible pero si lo miras desde el lado frío es muy práctico que ellos hicieran eso y, si te sirve de algo, en estos últimos años Cora ya ni siquiera lloraba cuando la sometían a algún tipo de prueba de estas.
—Por eso ella no lloraba ni suplicaba como cualquier otra hubiera hecho…
—Exacto, ella esta programada para aguantar y escapar, encontrar una manera de comunicarse o de ser localizada y esperar a que la recojan.
—Espera, espera ¿ella como se comunicaba para que la encontraran?
—Bueno hay muchas maneras, todo depende de la situación, la verdad es que su padre decía que ella siempre encontraba al forma de que la localizaran, la mayoría de las veces lo hacia a través de algo que además servia para encontrar a los que la secuestraban, Dan decía que tenia un don para eso —contesto Tara fastidiada al recordar los halagos sobre Cora.
Ren se quedo pensando unos segundos y de repente saco el móvil.
—Eric ¿esta ahí Jay? —pregunto apresurado Ren.
—Si esta aquí conmigo.
—Pregúntale que dejo sobre la mesa que Cora pudo coger antes de salir.
Se oyeron unas voces, algunos insultos y voces de nuevo.
—Ren, el muy estupido dejo ahí su móvil.
—Perfecto, ya la tenemos.

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Re: Cora Y...

Mensaje por dracanea el Lun Ene 21, 2013 8:51 am

CAPITULO 8
—Ren, ya tenemos localizado el teléfono de Jay, están en la playa Este, en unos minutos llegaremos —dijo Eric tratando de tranquilizar a Ren.
—Bien, en diez minutos estoy ahí —dijo Ren y colgó.
Para cuando llego al lugar la playa empezaba a verse sin linternas, empezaba a brillar el sol eso facilitaría encontrarla. En esa zona de la playa había muchos botes de pescadores abandonados en la orilla, casi todos con la madera podrida y rota en alguna parte del casco, fue el primer lugar que miraron, pero allí no estaba.
—¿Cómo puede ser que no haya aparecido aun? —pregunto Ren frustrado.
—Esta chica es realmente buena escondiéndose, desde que llegamos llevo marcando el teléfono de Jay para ver si vemos algún destello de la pantalla o si oímos algún sonido pero nada, da tono, pero es como si no estuviera aquí, aunque su localizador lo sitúa en esta zona.
—Entonces debe estar cerca, volved a revisar todo las veces que haga falta.


Jay se deslizo fuera de la vista de los que estaban buscando, salto unos grandes maderos y salio de la zona de búsqueda cuando vio un destello salir de debajo de la arena. Se acerco lentamente mientras ponía el walkie en su boca y presionaba el botón para hablar.
—Creo que tengo algo —dijo en voz baja en la frecuencia de Eric —he traspasado los limites de mi zona dirección oeste —prosiguió mientras se agachaba y cogia el objeto que emitía esa luz, era el móvil con la pantalla rota—¡que demo…
No pudo acabar la frase cuando algo le golpeo en la cabeza dejándolo tendido boca abajo. Sintió una patada en su mano y vio como el walkie volaba lejos de su posición, se intento incorporar y otra patada le alcanzo pero esta vez en su estomago. Cuando volvió a ponerse de rodillas otra patada voló igual que la anterior hacia su estomago, pero esta vez la esperaba y agarro el pie de su atacante haciendo que este cayese a la arena.
—¿Tu? —Pregunto Jay un poco confundido e incrédulo —¿era una trampa?
—Una para orangutanes, solo un estúpido cae en algo así —dijo Cora incorporándose rápidamente y poniendo su cuerpo en modo defensivo.
—Me encantaría jugar otro rato contigo pero ahora mis ordenes son llevarte sana y salva con mis jefes —dijo Jay acercándose a ella lentamente.
—Ah! Bueno, entonces iré contigo encantada —contesto Cora con sarcasmo —si son la mitad de agradables que tú estaré más que feliz de ir a conocerlos.
—Veo que aun no lo sabes —Cora entorno los ojos desconfiada —todo esto era una prueba para ver si eras capaz de mantener esa boca cerrada en caso de necesidad y no revelar ningún secreto de mi gente.
—¿Tu gente?
—Mis jefes son Ren Aizawa y su segundo al mando Eric —aclaro Jay.
—Eso no es verdad…
—Ven conmigo y te lo demostrare — dijo Jay mientras se acercaba y cogía a Cora de su muñeca para arrastrarla antes sus jefes.
Cora estaba impactada por lo que acababa de oír y fue fácil atraparla pero en el momento en que reacciono tiro de su brazo con fuerza para soltarse. Jay la sujeto aun mas fuerte pero ella no dejaba de revolverse así que saco un machete de su bota y la apunto con él para asustarla y provocar que ella colaborase.
Cora se quedo quieta examinando la situación antes de decidir que hacer, en ese instante se oyeron ruidos de personas acercándose donde ellos se encontraban, Jay se giro un segundo y Cora vio la oportunidad, agarro el machete por el filo cerrando su mano sobre él y provocándole una herida profunda, tiro hacia ella y logro que se le escabullera a Jay de las manos. Todo fue muy rápido, para cuando Jay se dio cuenta de lo que pasaba Cora lo había logrado reducir y lo tenia de rodillas de espaldas a ella mientras sostenía el cuchillo contra su garganta y esperaba a que las voces se personaran ante ella.
Tal y como iban llegando a ellos los propietarios de las voces que Cora había oído segundos antes se quedaban paradas mirando la escena. Jay estaba rígido y sin moverse un ápice, Cora apretaba la empuñadura del cuchillo fuertemente provocando que sangre goteara del filo hacia la garganta de Jay.
—¡Dios santo Cora! —exclamo Ren al llegar al frente del grupo junto a Eric.
—¿Cora? —Llamo Eric con un tono dulce pero ella no se movía —Ren, fíjate en sus ojos.
Cora tenía la mirada perdida, era como si ella los mirara pero no los viese, no los reconocía.
—Cora —dijo Ren mientras se acercaba levantando una mano hacia ella.
—No os acerquéis o vais a ver como es un orangután por dentro — grito Cora.
Ren se posiciono a la altura de su cara y busco en su mirada, la buscaba a ella dentro de esos ojos que parecían más oscuros de lo que recordaba. Un leve parpadeo le dio a Ren la señal de que ella seguía ahí y cogió la mano de Cora lo suficientemente rápido como para que no pudiera cortar a Jay y este se escabullo hasta situarse detrás de Eric.
—Cora mírame — suplico entre susurros Ren mientras sujetaba aun la mano de Cora sintiendo como la sangre resbalaba por su mano.
Le costo unos segundos reaccionar, pero ella pareció relajarse.
—¿Ren? ¿De verdad eres tú?
Él asintió lentamente.
—Entonces él dijo la verdad…esto no es más que una prueba…¿lo es?
—Así es, y siento mucho por lo que has pasado —comenzó a disculparse Ren lleno de culpabilidad —yo nunca pensé…
—¿La he pasado? —pregunto Cora cortando a Ren en sus disculpas.
—De sobra.
—Me alegro entonces.
Y simplemente soltó el cuchillo. Ren y Eric cruzaron miradas de incomprensión, no entendían porque ella actuaba así, en un momento iba a matar a un hombre y al siguiente estaba contenta de que todo fuera una prueba y ella la hubiese superado. Eric se había deshecho del resto de los hombres y tan solo quedaban Ren, Cora y él.
—¿No estas enfadada? —pregunto Ren buscando respuestas que ayudaran a entender la situación.
—No.
—¿Por qué no? Después de lo que ha pasado seria lo más normal.
—Porque si esto era una prueba y la he pasado significa que vais a dejar quedarme con vosotros, que tengo un lugar al que volver…
—Aunque no lo hubieras superado nosotros no te hubiéramos abandonado —contesto Eric entrando en la conversación.
—Sigo sin entender porque no estas ni un poco enfadada, al menos por el dolor por el que has tenido que pasar, ha debido ser la peor experiencia de tu vida —dijo Ren.
—Bueno, no ha sido agradable, pero no lo situaría en el podio ganador de malas experiencias, quizás no estaría si quiera entre las cinco peores.
Y Ren sabía que eso era posible aunque no imaginó que fuera cierto.
—¿Cómo es posible eso? —pregunto Eric extrañado.
—Es posible, luego hablaremos de eso —dijo Ren tajante —ahora será mejor que nos vayamos, llevas demasiadas horas sin dormir y necesito que estés despierta cuando te cuente algo.
Cora lo miro entrecerrando los ojos intentado averiguar que había querido decir con esas palabras, justo cuando se lo iba a preguntar noto como el mundo empezó a moverse más rápido y tuvo que agarrarse la cabeza para intentar estabilizarlo.
Ren enseguida sujeto su cara con ambas manos y vio como su piel estaba extremadamente pálida.
—¿Estas bien? —preguntó Ren un poco asustado.
—Si, creo que he perdido demasiada sangre —contesto levantando la mano abierta y mostrando el profundo corte que llevaba mientras perdía el equilibrio.
Ren la alzo en sus brazos mientras Eric le colocaba un trozo de su camiseta para detener el sangrado.
—Qué voy a hacer contigo…—susurro Ren disgustado porque no había dicho nada.
—Aguantarme —contesto Cora sonriendo.
—La próxima vez que te estés desangrando delante de mí ¿podrías decírmelo un poquito antes de que pierdas el conocimiento? —dijo Ren muy serio.
—¡Señor si señor! — contesto Cora llevándose la mano a la cabeza como un saludo militar.
Eric no pudo evitar soltar una carcajada y a Ren le costo horrores contener una sonrisa.
Cuando llegaron al coche Ren se vio incapaz de alejarse de Cora y le pidió a Eric que condujera él y los llevara a casa mientras se situaba en el asiento trasero junto a Cora. No paraba de mirarla mientras ella disfrutaba de cada vista desde el coche, realmente estaba emocionada por ir a su nuevo hogar, tanto, que a pesar de las horas y el cansancio no se durmió ni un segundo. Al llegar, Ren se dispuso a cargarla de nuevo pero ella lo aparto y prefirió caminar. El sol ya había salido lo suficiente como para que la casa se pudiera ver entera. Era una mansión descomunal. Cora vivía en una gran casa pero la suya parecía la caseta del perro en comparación a esta.
—Guau! —Exclamo Cora —espero que tengas un buen equipo de limpieza…¿Hay alguna zona restringida para mi Ren?
Él negó con la cabeza y Cora amplio su sonrisa que se contagio a Eric y Ren que la miraban fascinados.
Las grandes puerta se abrieron y tras ellas un buen numero de empleados. Cora entro directa a inspeccionar pero Ren la detuvo justo cuando se había decidido que camino tomar para explorar todo.
—Ni creas que vas a ir a algún sitio que no sea a la cama ahora mismo.
—Joooooo…no tengo sueño aun…porfisssss
—Bueno yo os dejo que se me cierran los ojos, luego nos vemos —se despidió Eric perdiéndose por uno de los pasillos.
—¿Él vive aquí? —pregunto Cora un poco sorprendida.
—Si, muchos viven aquí, por eso necesitabas pasar la prueba, vas a tener que guardar muchas cosas de las que aquí veas.
—Eso esta hecho ¿Qué tal un tour por la casa? —pregunto Cora esperanzada de que Ren hubiera cambiado de opinión.
—No.
—Al menos dime que tienes que contarme o juro que no voy a poder dormir de la intriga.
Cora sonaba lo suficientemente convincente como para que Ren no quisiera arriesgarse a tenerla pululando por la casa en vez de descansando las heridas que sabia que tenia debajo de su ropa.
—Esta bien —cedió él —te lo digo en cuanto te duches y te metas en la cama
—Igual no te has dado cuenta pero ya no tengo edad de que me cuenten cuentos para dormir.
—Ya lo creo que me he dado cuenta — susurro Ren sin que Cora lo notara.
Cuando llegaron a la puerta de la habitación de Cora Ren le dijo que volvería en media hora, tenía todo lo que necesitaba para ducharse y meterse en la cama.
Cora entro en su habitación quedando fascinada ante tanta opulencia. Su habitación era como la de una princesa de cuento de hadas, dosel incluido. Una gran cama ocupaba casi todo el espacio central, a los lados mesillas talladas y un gran espejo desde el cual se accedía a lo que era un vestidor casi tan grande como la habitación. El baño estaba incorporado al cuarto, solo estaba separado del resto del espacio por un murete de vidrio traslucido.
Encima de la cama había un juego de pijamas de diferentes estilos, se decidió por el pantalón largo de no y la camiseta de manga corta de otro, el resto los puso encima de la mesita de noche para preguntarle a Ren que hacer con ellos.
Se metió a duchar y fue entonces que se dio cuenta del gran hematoma que había en su vientre, empezó a recordar todo y un escalofrío atravesó su cuerpo, a pesar de que su ropa estaba mojada no había sentido frío hasta ese momento. Enrolló todo en una bola y la tiro a al basura, si podía evitarlo no se volvería a poner esa ropa. Se deslizo dentro de la ducha y se aclaro el salitre del pelo lo que provoco un escozor en la herida de su mano.
Después de la ducha tan necesitaba se metió en la cama esperando que Ren llegara y tan solo pasaron unos minutos hasta que se oyeron unos golpes en la puerta.
—Adelante —grito Cora.
Ren se deslizo al interior lentamente divisándola en su cama tal y como él le había pedido. En la mano llevaba un pequeño botiquín, se acerco a la cama y se sentó junto a ella, cogió su mano herida y la puso extendida sobre su regazo.
—¿Y bien? —pregunto Cora al ver que él no decía nada.
—Tara ha despertado —contesto sin mirarla a la cara mientras examinaba la herida mas de cerca.
—¿De verdad? —dijo Cora saltando de alegría en la cama.
—No te muevas.
—De acuerdo ¿ella esta bien del todo?
—Perfectamente.
—¿Qué ocurre? ¿Porque contestas de esa manera?
Ren no sabia como decirle que su adorada Tara la odiaba, que la persona por quien había sacrificado su vida en realidad no la apreciaba en lo mas mínimo.
—Bueno…ella…
—Dilo sin rodeos Ren, me estas poniendo nerviosa.
—Ella hablo conmigo.
—Bien.
—De ti.
—Oh! —Suspiro Cora —así que supongo que ya lo sabes.
Ren levanto la vista por primera vez y la miro a los ojos intentando averiguar a que se refería.
—Ya sabes que ella me odia.
—¿Tu lo sabes? —pregunto Ren confuso y aliviado a la vez.
—No es precisamente disimulada en lo que se refiere a expresar sus sentimientos por mí.
—¿Y aun así lo diste todo por ella?
Cora asintió. Ren se la quedo mirando examinando sus gestos, escudriñando cada pequeño detalle que pudiera darle un ápice de luz a todo el asunto, pero no encontró nada.
—No lo entiendo —dijo finalmente.
—Bueno, supongo que es algo que debes saber pero juro que si algo de lo que te cuento sale a la luz ninguno de tus secretos estará a salvo ¿de acuerdo?
—Me parece justo.
—Tara es mi hermana.
La mandíbula de Ren cayó de golpe, si fuera un dibujo animado hubiese atravesado el suelo.
—No se muy bien la historia de cómo fue, oí una conversación una vez cuando era una niña, mi madre y la de Tara discutían sobre mi, sobre como me habían arrancado de sus brazos para depositarme en los de la esposa legitima.
—Es decir, que tu padre y la madre de Tara tuvieron un romance y de ahí saliste tú.
—Sip, Tara no se acuerda porque ella tenia apenas dos años cuando yo nací.
—Pensé que ella era la pequeña, tu manera de comportarte es como una protectora hermana mayor.
—Para ser exactos ella cree que tengo su edad, incluso un poco más porque nací antes, en el mes anterior a ella.
—Así que ella tampoco sabe nada…¿que te dijeron tus padres cuando te enfrentaste a ellos? —pregunto Ren curioso mientras ponía una venda en la mano con cuidado.
—Bueno…nunca los enfrente…la madre de Tara, mi madre, siempre fue mas que una nana, me trato igual que a Tara y siempre podía acudir a ella para cualquier cosa, quiero pensar que hubo fuerzas mayores que la obligaran a regalarme y que eligiera a Tara por encima de mi para criarla como su hija.
—Desde un punto de vista objetivo ella te entrego el mejor lugar, pudo verte crecer y a la vez tuviste una familia que te dio los estudios y todo lo que ella no hubiera podido darte.
—Hubiera cambiado todo eso con gusto a cambio de poder irme con ella y con Tara lejos, el dinero no es amor y los regalos no reconfortan cuando buscas el consuelo de una madre.
Cora se veía realmente triste mientras pronunciaba estas palabras, Ren entendió porque su madre la dio en adopción pero también se dio cuenta de que una personalidad como al de Cora no se alimentaba de los bienes terrenales.
—Entonces ¿no deberías ser tu quien odiara a Tara?
—Ella no tiene culpa de nada, quise contárselo pero los celos por todo lo que yo tenía la cegaban. Cada vez que me compraban algo siempre pedía dos iguales para darle uno, fue a los mejores colegios como yo y nunca la trate como criada, pero eso no le bastaba, no sé, a veces creo que ella lo sabe todo y me culpa a mí de que mi padre no la escogiera como hija legitima.
—¿Y nunca se lo has preguntado?
—Eso seria abrir la caja de Pandora y, por ahora, prefiero mantenerla cerrada.
—Tara me dijo que le prometiste a su madre cuidar de ella y que por eso haces esto.
—Eso es verdad, le prometí que la cuidaría por sobre todas las cosas.
—¿Alguien más sabe esto?
—Mi ex novio, Dan, se lo conté cuando murió la madre de Tara buscando algo de consuelo en decirlo en voz alta, pero…
Ren se quedo callado dejándola tomar su tiempo para continuar.
—Lo único que dijo es que debía estar agradecida por ser rica y que estaba dispuesto a perdonarme el que yo fuera una bastarda de mi padre…
La mandíbula de Ren se tenso, Cora había buscado ayuda en varias ocasiones y siempre encontraba la puerta cerrada, incluso su prometido la hizo sentir indigna de ser su novia.
—Tu sabes que lo que él dijo esta mal ¿verdad?
—Si, sé que ese fue el principio de nuestro fin, pero me dolió más de lo que me gusta reconocer.
Una lagrima salio rodando por la mejilla de Cora mientras recordaba toda esa situación, el dolor era demasiado reciente como para hablar de ello sin que una punzada atravesara su estomago.
—Gracias —dijo Ren mientras le secaba las lágrimas de la cara a Cora.
—¿Porqué?
—Por confiar en mí, te prometo que aquí vas a encontrar un verdadero hogar ¿no te importa formar parte de esta familia de monstruitos?
—Nunca tuve miedo de los que eran diferentes, no sois monstruos, sois diferentes, ni mejores ni peores. Además, mi hermana es parte de vuestro clan así que eso nos hace familia política o algo así ¿no?
—No lo había mirado desde ese punto de vista, pero me alegro de que creas que no somos bichos raros, te encantara conocer a los más pequeños de nuestra familia.
—¿Hay niños aquí? —Pregunto Cora sorprendida —pensé que no existían.
—Secreto numero uno que guardar — contesto Ren mientras la obligaba a meterse en la cama y la arropaba — ¿puedo? —pregunto inclinándose para darle un beso en la frente de buenas noches.
—Si —contesto sonriendo Cora.
—Que duermas bien, esta tarde vendré a por ti, y tranquila, que no hay monstruos debajo de la cama ni en el armario….
Cora lo miro enfurruñada como una niña.
—No les tengo miedo, nunca se lo he tenido.
—¿A si? No me creo que no les tuvieras miedo.
—Si que lo tuve, pero deje de temer por los monstruos del armario que no veía para empezar a temer a los monstruos que dormían en la habitación de al lado.
Dicho esto Ren se quedo callado, apago la luz y salio del cuarto deseando poder quedarse.
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Re: Cora Y...

Mensaje por dracanea el Lun Ene 21, 2013 8:51 am

CAPITULO 9
—Ponme al día Eric ¿Qué ha pasado estas tres semanas que no he estado? —pregunto Ren acomodándose en el sofá de su oficina y ofreciéndole a Eric tomar asiento junto a él.
—Bueno, los activos de la compañía van bien, el mercado Europeo esta en alza y…
—Sabes que no me refiero a eso cuando te pido que me pongas al día — le corto Ren sonriendo.
Eric esbozo una pequeña sonrisa de niño travieso sabiendo que él preguntaba por Cora.
—Bueno, como no has preguntado por ella pensé que no estabas interesado….aunque eso no significa que no hayas pensado en ella más de lo que te gustaría.
Ren miro hacia arriba tratando de hacerse el despistado aunque sabia perfectamente que Eric lo había cazado de pleno, lo conocía demasiado bien.
—Entonces…
—Cora ha pasado casi toda la semana con Ella y Mike —contesto Eric ante el asombro de Ren —los niños la adoran, se pasa horas con ellos ayudándoles con las tareas del colegio, contándoles cuentos incluso cocinando, deberías probar las magdalenas que hace esa chica..ufff…podría vivir de ellas.
—¿Cocina? —pregunto Ren curioso a la vez que divertido.
—No solo cocina, también prepara la mesa con servilletas en forma de animales —contesto Eric entusiasmado.
—¿Y Ella y Mike la han aceptado así sin más?
—Bueno, ya sabes que al principio son un poco peculiares por llamarlo de alguna manera, le hicieron alguna trastada, pero consiguió ganárselos.
—¿Qué paso? —pregunto un poco serio Ren.
—Yo no estaba cuando todo empezó pero se las arreglaron para acabar bañando a Cora en la masa de un pastel que estaba preparando…
—¿Y ella que hizo? ¿Se enfado mucho?
—Ella aplico la ley de Talion, cogió lo que tenía en un bol para la cobertura y los embadurno de arriba abajo.
Ren comenzó a reírse imaginando a los pequeños bañados en cobertura, eran unos niños estupendos pero sabía que eran difíciles de tratar.
—Deberías haber visto sus caras —continuo riéndose —cuando entré tenían los ojos abiertos y estaban muy quietos y callados, parecían estatuas!!!
—No me lo puedo creer ¿y no se enfadaron por ello?
—Yo creo que se lo plantearon pero cuando Cora me planto un huevo en la cabeza por reírme de ella se los gano de pleno.
—¿Qué Cora hizo qué? —pregunto Ren ahogando una risa.
—Oye no te rías tu también que luego me costo un montón quitarme la clara del pelo.
Ren rompió en carcajadas, hacia tiempo que no le contaban algo que le hiciera reír de esa manera.
—Entonces, ella esta bien ¿no? —Pregunto Ren calmando su risa — nadie le ha puesto problemas ni nada de eso.
—Bien, bien tampoco esta con todo el mundo, algunos no se fían de ella por su condición de humana y otros han optado por creer las palabras de Tara, las cuales no eran nada bonitas.
—¿A que te refieres con Tara?
—Desde que se instalo en la casa no ha hecho mas que protestar por todo, incluso hizo un berrinche para conseguir la habitación que le habías asignado a Cora porque la suya no tenia las vistas tan bonitas —contesto Eric enfadado —juro que si yo fuera Cora la hubiera estrangulado hacia días.
—¿Y donde duerme Cora ahora? —pregunto Ren claramente enfadado.
—En un cuarto del servicio en el mismo pasillo que los niños.
—¿Cómo? —grito ren enfadado levantándose del sillón.
—Cálmate, Cora dijo que lo prefería, así podía estar con los niños, yo le insistí en que hasta que tú no llegaras no se cambiaran pero tío, no sabes lo frustrante que puede ser Tara.
—Voy a tener que hablar muy seriamente con ella, Tara no puede hacer lo que le venga en gana, o acata las normas o esta fuera de nuestro circulo.
—Ella sabe que es importante por el asunto de su transformación, el que fuera tan rápido le ha dado una especie de estatus social elevado y no duda en tirárselo a la cara a quien se le ponga por delante.
—¿Han sacado ya algo en claro de lo que ocurrió?
Eric niega con la cabeza y la frustración crece en los ojos de Ren, las cosas no estaban saliendo según lo previsto, el plan era sencillo, salvar a una inocente de la muerte mientras usaba a una malcriada en su beneficio propio. El problema era que la inocente no lo era tanto, ni siquiera un poco, y la malcriada se había hecho un apartamento en su cabeza y se negaba a abandonarlo.
—Bueno, hay algo que me gustaría saber desde hace tres semanas ¿en que ocupa Cora las dos horas al día que tiene para ella misma?
—En leer.
—¿Eh?
—Si, también me costaría creerlo si no fuera porque la observo como cada noche después de acostar a los pequeños ella se dirige a la biblioteca, coge un libro, se recuesta en el butacón y allí deja que su mundo se mezcle con el que esta entre sus manos.
—Juro que cada día me sorprende mas, nunca hubiera imaginado que ella seria así…
—Así ¿Cómo? —pregunto Eric —dulce, divertida, cariñosa, inteligente…
—Veo que la conoces bien, has aprovechado estos días que no he estado —contesto Ren con un hilo de envidia que arrastraba sus palabras.
—Venga Ren, no te pongas celoson, que yo la veo como una hermana pequeña — dijo Eric dándole un puñetazo flojo en el brazo.
Ren se relajo un poco sin dejar de pensar que no le gustaba la idea de que su amigo llevaba ventaja en cuanto a conocer a Cora, bueno, realmente que cualquier hombre la conociera era lo que realmente no le gustaba.
—Bueno, de todas maneras vas a tener que controlar el genio en la fiesta de esta noche de Tara, es su presentación y la llevaras de acompañante a ella así que no vas a poder evitar que otros hombres se le acerquen.
—Para eso ya estas tú ¿la llevaras a ella no?
—Esa era mi idea pero resulta que alguien se me adelanto y no tuve nada que hacer, mi acompañante será Ella.
—¿Quién se te adelanto? ¿Quién la llevara? ¿Cuándo la conoció?
—Eso, amigo mío, no me corresponde a mi decírtelo, así que esta noche cuando la veas se lo preguntas —contesto Eric divirtiéndose ante los celos de Ren.
—Esta bien —contesto Ren en un gruñido —será mejor entonces que nos pongamos a trabajar para que esta noche estemos a tiempo.




—¡Mike! —grito Cora desde la fuera de la habitación —¿te falta mucho?
—Noooooo ya casi acabo —contesto el niño desde dentro.
—Esta bien, Eric pasara por ti cuando acabes y mientras me voy con Ella a ayudarla a vestirse.
Cora se dirigió por el pasillo directa a la habitación de la pequeña. En las tres semanas que llevaba ahí les había cogido muchísimo cariño tanto a uno como a otro, no habían comenzado del todo bien, pero se los había logrado ganar con una buena pelea de comida.
—¿Cómo vas princesa? —pregunto Cora a la vez que entraba dentro de la habitación de la pequeña Ella.
—He decidido que no voy a ir —contesto tajante la niña mientras se sentaba en su cama.
Cora se sentó a su lado con una pierna encima de la cama para tener de frente a Ella.
—¿Y se puede saber porque no quieres ir?
—Porque no quiero que nadie sienta lastima por mi.
—¿Podrías explicármelo mejor por favor? Es que no lo entiendo.
—Escuche a Tara hablar con unas chicas sobre lo bonito que iba a ser esta noche, sobre lo bien que se sentía tener una familia y que le daba pena que yo no tuviera una mama que me llevara como a las demás niñas…
Cora tuvo que reprimir las ganas de gritar y correr tras de Tara para cortarle esa lengua tan larga suya, seguramente esto no tenia nada que ver con la pequeña y todo que ver con ella, en estas tres semanas no había hecho otra cosa que incordiar con Ren y lo especial que es ella para él. Pero se había dado cuenta que mi punto flaco eran los niños no él.
—Bueno pero aunque no este tu mama aquí nos tienes a los demás que te queremos mucho.
—¿Por qué se fue mi mama? —pregunto de repente la niña.
Cora se la quedo mirando, no sabia lo que le habían contado a ella pero por experiencia ella prefería la verdad a una triste mentira que solo te diera ánimos vacíos.
—Sinceramente no lo sé, no se donde esta ella y no se porque no esta aquí, pero seguramente no es por ti, el mundo de los adultos es muy complicado y a veces son los que menos lo merecen los que salen perjudicados…
—¿Entonces ella no me abandono porque no me quería?
—Pues no lo se, es difícil no quererte pero hay personas a las que el corazón se les dio con fecha de caducidad y no saben querer mas allá de un limite.
—Ammm —contesto la niña asimilando todo lo que había escuchado —sabes, me alegro de que estés aquí con nosotros.
—Yo también me alegro —contesto Cora abrazando a la pequeña.
Terminaron de vestirse rápidamente porque la hora se les echaba encima y no podían hacer esperar a sus acompañantes. Cora lucia un traje de dos piezas negro, la parte de arriba era un corpiño con pelo negro alrededor del escote y una falda que le llegaba por los tobillos con el mismo pelo rodeando los bajos de toda la falda; desde el pecho salían un torbellino de piedras brillantes que envolvían con gracia su cintura y acababan en la falda haciendo dibujos de fantasía. Llevaba el pelo suelto y ondulado que le caía hasta casi su cintura con solo un prendedor de piedrecitas brillantes como las de su traje.
Sonó la puerta para avisarlas de que ya las estaban esperando en el salón y Ella casi grita de la emoción.



Ren iba de un lado a otro esperando que Eric llegara al salón con el acompañante de Cora, vivía en la casa así que lo debía conocer. Se torturo a si mismo por no haber dejado claro que Cora no estaba disponible pero la había tenido que dejar el mismo día que la llevo a la casa y no tuvo tiempo ni de presentarla formalmente a todos, en parte, había accedido a al fiesta de hoy para formalizar su presencia en la casa, aunque todo se había orquestado como si fuera la fiesta de Tara en realidad era al de ambas.
Eric apareció con Mike de la mano, estaba vestido de traje negro con pajarita y llevaba una rosa blanca en la mano. Ren miro de uno a otro durante un instante hasta que lo comprendió, el acompañante de Cora no era otro que el pequeño Mike; se apunto matar a Eric mentalmente por el mal rato que le había hecho pasar.
—No ha tenido gracias —dijo Ren todo lo serio que pudo.
—Si vieras tu cara pensarías lo contrario —contesto Eric riéndose.
Mike no entendía nada de la situación así que simplemente se puso de pie junto a los chicos esperando a que sus acompañantes aparecieran por el pasillo.
La primera en aparecer fue Tara embutida en un vestido rojo con un escote que se le veía literalmente el ombligo, sin espalda y lo suficientemente corto como para que pudiera pasar por una camiseta en vez de un vestido. Se contoneo hasta Ren y dio una vuelta exhibiendo el modelito. Estaba realmente impresionante aunque Ren apenas la miro porque por detrás de ella apareció Cora con Ella de la mano. Sus ojos volaron por toda ella esbozando una sonrisa, Cora lucia hermosa sin tener que mostrar la carne como un mercado y eso a Ren le gustaba demasiado.
—¿Como has estado Cora? —pregunto Ren apartando a Tara que se había enfadado y llegando hasta ella en dos zancadas.
Ella se limito a sonreírle mientras se agachaba para ponerse a la altura de Mike.
—¿Eso es para mi? —pregunto Cora señalando la rosa.
Mike asintió un poco avergonzado.
—Gracias —contesto Cora y le dio un beso en la mejilla.
Eric se acerco a un jarrón de la sala y cogió otra rosa para Ella y se la dio entusiasmada. Por detrás se oyó toser a Tara esperando también su flor, Ren en un intento de no ser descortés le dio a ella una también aprovechando el momento para colgarse de su brazo y empujarlo hacia la salida.
—Vamos, no quiero llegar tarde a mi fiesta —dijo Tara apretando el brazo de Ren aun mas contra su cuerpo.
Cora los miro mientras le daba la mano a Mike, había algo en Ren que le empujaba a él pero Tara ya había dejado bien claro que ese terreno era suyo así que Cora decidió no pensar en ello.
Ren ayudo a Tara a ponerse su abrigo antes de salir, Eric hizo lo mismo con Ella y Mike lo intento con Cora pero la diferencia de altura impedía que eso fuera posible, así que Ren tomo el abrigo y la ayudo; cuando paso un brazo él dejo su mano apoyada en la cintura de Cora mientras esperaba a que ella terminara de meter el otro brazo quedándose detrás muy cerca, tanto que su respiración golpeaba el cuello de Cora que había quedado al descubierto al echárselo a un lado para no enganchárselo con el abrigo.
Cora no pudo evitar estremecerse por la cercanía y por un instante se quedaron mirando a los ojos muy de cerca, hasta que Tara volvió a interrumpir con otra tos disimulada.
—Veo que la noche va a ser muy larga —susurro Ren al oído de Cora alejándose con una sonrisa lo suficientemente sexy como para que se ruborizara un poco.
Por supuesto Tara había alquilado una enorme limusina que los esperaba en la puerta para llevarlos a la carpa de eventos. Ren se situó junto a Ella, prefería su compañía a la de Tara, estaba demasiado enfadado con ella por como se había comportado.
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Re: Cora Y...

Mensaje por dracanea el Sáb Feb 02, 2013 2:17 pm

CAPITULO 10

La fiesta era todo un éxito, Tara no hacía más que saludar a todos los que se encontraban a su paso. Para darle más protagonismo había ordenado que todo el mundo se pusiera una mascara negra con un lazo para atarla mientras que ella luciría una roja a conjunto con su vestido y mucho mas elaborada, Tara parecía encontrarse totalmente en su salsa y no iba a dejar a Ren tan fácilmente.
—Cora —llamo cortésmente Eric —ven conmigo y te presentare a algunos miembros de nuestra comunidad.
Ella asintió y se fue tras de él mientras los niños se iban a jugar con el resto de infantes de la fiesta y Tara seguía presumiendo de pareja de baile.
—Estos son el señor y la señora Larson —comenzó a decir Eric.
—Encantada, soy Cora.
—Es difícil no saber quien eres querida, toda la ciudad esta empapelada con tu foto —contesto el señor Larson riendo.
—Oh.
—Ella ha estado un poco desconectada del mundo estas últimas semanas —contesto Eric.
—Que suerte cielo —respondió la señora Larson —ojala pudiera meterme bajo tierra con mis libros y que nadie me molestara.
Cora se relajó un poco aunque se apuntó mentalmente saber que ocurría fuera de los muros de la casa.
—¿Te gusta leer? —pregunto la señora Larson.
—Es mi manera de mantenerme cuerda.
Eric se la quedo mirando y ella sonrió a la vez que se encogía de hombros.
—¿Algo en especial? Yo prefiero la literatura francesa, es sumamente nostálgica.
—A mi me gusta mucho la historia, intento aprender lo que puedo de cada cultura, la que más me fascina es la oriental aunque reconozco que mi manejo del kanji es aun un poco débil para enfrentarme a textos muy antiguos.
—¿Sabes japonés? —pregunto Eric sorprendido.
—No perfectamente pero si, es un idioma complicado para los occidentales.
—¿Algún otro?
—Los diez idiomas principales del mundo.
Eric y los señores Larson se quedaron estupefactos, ellos sabían idiomas pero habían tenido siglos de aprendizaje, jamás conocieron a nadie que supiera tantos.
—Mi padre siempre decía que el mejor medio de combate es la palabra, por eso hay que saber muchos idiomas — dijo tímidamente Cora viendo como la miraban con los ojos abiertos incrédulos de lo que acababan de oír.
Eric siguió presentándole a los invitados durante un rato largo y descubriendo que, no solo hablaba diez idiomas, sino que también conocía la política interior y exterior, la economía del país y un sin fin de cosas más que la convertían en la conversadora perfecta. Cuando hubo un momento de paz para Cora entre presentación y presentación Ren se acerco cogiéndola del codo e indicándole que la siguiera a una zona habilitada con sofás muy intima en la que la gente podía tener algo más de privacidad.
—¿Señorita me concede unos minutos? —pregunto Ren sonriendo mientras sostenía en su otra mano su cuarta o quinta copa.
Las mascaras cubrían solo la mitad superior de la cara pero los ojos de Ren eran demasiados inconfundibles como para no saber que era él en el momento en que le puso la mano encima y la miro.
Cora sonrió y le siguió hasta el reservado y se sentaron uno junto al otro pero sin llegar a tocarse.
—¿Cómo has estado Cora?
—Bien, la gente es muy amable y los niños son muy divertidos.
—Debo agradecerte que te encargues de ellos, han pasado por mucho y como veo que te llevas tan bien he pensado que podría pagarte un sueldo para que los cuidaras a tiempo completo.
—Eso no es necesario, lo hago porque quiero, son ellos los que me ayudan a superar cada día con una sonrisa.
—Sabes, eres tan diferente de lo que imagine que me desconciertas —dijo Ren acercándose un poco.
Cora se irguió ante el movimiento pero no se separo.
—Veo que prejuzgar no es un mal limitado a los mortales…de todas maneras no me conoces así que quizás tu juicio no este tan alejado de la realidad.
—La chica que yo me imaginaba que eras no hubiera cocinado, ni hecho tareas con mocosos que no conocía ni hubiera aguantado el humor que ha resultado tener Tara tras su transformación…Eric me ha contado todo lo que ha estado haciendo, siento que haya cambiado para mal…a veces pasa…
Cora lo miro levantando las cejas y con una sonrisa en sus labios que se negaba a salir del todo. Ren la miro y luego comprendió todo de golpe.
—¿Lo sabias? ¿Sabias que ella seria así de perra contigo? —pregunto Ren sorprendido.
Cora se encogió de hombros.
—Ella no me perdona haber nacido en una familia rica mientras que su vida se limitaba a ser la hija de la nana, aunque tenia todo lo que yo tenia nunca sintió que fuera suyo de verdad, así que ahora que es ella la que forma parte de la familia y yo la que esta aquí de sirvienta supongo que era natural que se tomara la revancha.
—Pero eso no es justo, no tienes la culpa de esa situación. Y por supuesto no estás aquí de sirvienta —contesto Ren un poco molesto.
—Señor Aizawa con la edad que debe de tener y aun piensa en lo que es justo? —Pregunto Cora meneando la cabeza mientras sonreía —no debe ser tan mayor como pensaba.
Ren se rió frunciendo los labios como si quisiera hacerse el ofendido pero sin lograrlo.
—Aun nos debemos una buena charla, no creas que lo he olvidado —contesto Ren acercando su cara a tan solo un par de centímetros de la de Cora —igual que no he olvidado esos labios estas ultimas tres semanas…
Cora se mordió tímidamente el labio inferior sin saber si Ren la acabaría besando, era la primera vez que deseaba que un hombre que no fuera Dan la besara y, aunque no había olvidado completamente los sentimientos que tenia hacia él, sabia que besar a Ren seria muy distinto.
Justo cuando parecía que el beso se iba a llevar a cabo Tara apareció de la nada y se cayó “accidentalmente” sobre el regazo de Ren.
—Ups! Creo que tome demasiado champán —se disculpo Tara poniendo cara de niña buena.
—Bueno voy a buscar a los niños a ver que hacen que llevo mucho arto sin verlos —dijo Cora levantándose mientras Ren la agarraba del brazo.
—Siempre has sabido cuando estas de más Cora, eso es algo que me gusta de ti —dijo Tara que no veía como Ren tenia sujeta a Cora.
—Ella no es la que esta de más, estábamos en medio de una conversación importante, ahora si nos disculpas…
Tara cambio su cara de niña tierna por una de furia contra Cora, se bajo del regazo de Ren y se sentó entre ambos rompiendo el contacto entre ellos.
—Será mejor que te largues si no quieres que hable con Ren sobre lo que eres realmente —susurro Tara al oído de Cora —te quedaste a Dan pero él es mío.
Ren las miraba intentando oír que decían pero Tara hablaba demasiado bajo y la música había subido de tono demasiado fuerte, dudaba que incluso Cora hubiese escuchado lo que le había dicho Tara, aun así alcanzo a distinguir palabras sueltas “sino” “lo que eres” “mío”.
Cora miro a Ren de nuevo y se levanto sin despedirse se alejo entre la multitud que ahora se congregaba en la pista de baile. De pronto Cora sintió como alguien tiraba de su brazo y le envolvía la cintura dejando su espalda contra el pecho de alguien mucho más alto que ella.
—Hola pajarito —le susurro al oído.
Ella se tenso un segundo, conocía perfectamente esa voz.
—¿Qué haces aquí Dan? —pregunto buscando con la mirada a Ren que seguía en el reservado con Tara cada vez más cerca de él.
—Te dije que siempre te encontraría y aquí estoy —contesto en su oído mientras aspiraba su olor cerrando los ojos y apretándola mas contra él.
—Cuando lo dijiste ni tu eres un mentiroso ni yo sabia que lo eras —contesto Cora enfadada, no sabia si por lo que veía de Ren y Tara o por Dan actuando así con ella.
En un segundo Ren al fin se volvió y sus miradas se cruzaron pero por la mascara no podía ver la expresión de angustia que Cora tenía y tan solo vio como un tipo la estaba abrazando y ella se estaba dejando delante de todo el mundo.
Quizás fueron las copas, el enfado o ambas cosas combinadas, pero Ren se lanzo sobre Tara sin dejar de observar a Cora. Esta aparto la mirada a un lado pero cuando volvió a mirar Ren aun seguía besando a Tara y decidió que no quería mirar más, así que simplemente se zafo de Dan y se escabullo entre la gente.
Dan no tardo en alcanzarla pero esta vez no iba solo, llevaba en brazos a Ella quien la llamaba alegremente con sus pequeños brazos para que los siguiera como si de un juego se tratase. Cora se quedo blanca al ver como Dan desaparecía con al niña por una de las puertas laterales y se apresuro a seguirlos sin pensar en nada más.
—Suéltala Dan —exigió Cora en cuanto salio de la sala y vio a Dan al otro lado de un recibidor enorme con la niña en brazos.
Dan la bajo y Cora extendió sus brazos, la niña se lanzo corriendo ajena a lo que pasaba a su alrededor.
—No iba a hacerle nada, pero necesitaba que me hicieras caso —se defendió Dan.
—No tenemos nada de que hablar, y si alguien te encuentra aquí no te va a parecer tan buena idea haber venido —contesto Cora dándose la vuelta para entrar de nuevo a la fiesta.
—No exageres pajarito, no es como si pudiera hacerle ningún daño a la niña, tan solo soy un mortal.
Cora se detuvo entendiendo las palabras, él sabia perfectamente que la pequeña no era humana, pero, hasta donde ella sabia, eso era un secreto muy bien guardado para poder darles a estos niños una infancia medianamente normal.
—Y no intentes mentirme, sé de su existencia desde hace tiempo.
Cora lo miro vacilante, no quería hablar con él, quería volver dentro y buscar a Ren para avisarle que estaba ahí, que había logrado entrar, que sabia lo de los niños y…pero sabia que si se iba no iba a saber porque realmente estaba aquí y debía asegurarse hasta que punto sabia sobre Ella y los demás niños.
—Ella —dijo Cora bajando a la niña —necesito que entres ahí dentro y busques a tío Eric y le digas que me tomo mis dos horas libres para hablar con mi amigo ¿de acuerdo?
La niña la miro sabiendo que algo no iba bien, no sonreía, no estaba feliz de ver a su amigo, y Ella se había dado cuenta.
—No quiero irme, no quiero dejarte aquí —contesto la niña apuntando a Dan —con él.
—Veo que eres una niña lista, pero tranquila no le voy a hacer nada, somos amigos desde niños y tan solo quiero que nos pongamos al día —dijo Dan casi riéndose de que esa pequeña no se fiara de él.
—Así es Ella, voy a estar bien, tu asegúrate de decirle a Eric que yo vuelvo por mi cuenta a casa ¿vale?
Ella volvió a mirar a Dan poco convencida pero entonces abrazo a Cora que se había arrodillado a su altura y le susurro al oído.
—Yo aviso al tío Eric de que algo no esta bien.
Y luego salio corriendo entrando de nuevo en la fiesta.
Cora respiro un poco aliviada en el fondo, no creía que Dan fuera a hacerle daño pero no habían terminado de la mejor manera y ahora era todo demasiado diferente, demasiado distinto, ahora daba miedo lo desconocido que había llegado a ser.
Dan poso su mano en la espalda de Cora cuando esta se acerco y la dirigió a la salida trasera que se encontraba al fondo del vestíbulo.
—¿A dónde vamos? —pregunto Cora no sabiendo si estaba haciendo lo correcto.
—Necesitamos hablar, ambos tenemos cosas que decirnos y, lamentablemente, la mayoría no so buenas, así que he pensado en que vayamos donde íbamos cuando discutíamos y necesitábamos liberar tensiones.
Cora lo miro a los ojos y por un segundo vio al Dan del que se había enamorado, luego asintió y atravesó la puerta del vehiculo que estaba esperándolos fuera en marcha.
Durante todo el trayecto Cora miro por la ventana reconociendo edificios mientras Dan no dejaba de observarla desde el asiento de enfrente de la limusina negra. Cuando llegaron a un parque la limusina acelero un poco para poder saltar el pequeño bordillo y aparcar en al puerta de un pequeño edificio de madera que se encontraba rodeado de jardines de cerezos.
Cora y Dan salieron y se dirigieron dentro, allí, un anciano oriental, Cora jamás supo de donde exactamente, salio a recibirlos.
—¡Maestro! —grito Cora y se lanzo a sus brazos.
—Aquí esta mi alumna favorita, bueno, o al menos lo era antes de olvidarse de mi —contesto el hombre contento de verla y devolviéndole el abrazo.
—No sabía si después de todo lo que paso iba a querer seguir entrenándome, ya sabe, mala publicidad —dijo Cora bajando la mirada al suelo avergonzada por primera vez de su situación.
—Creo que seguiste lo que tu corazón te dijo, y jamás podría enfadarme por una decisión tomada de esa manera, eso sí, si dejas de venir por aquí mas seguido ahí si que vas a tener que enfrentarte a mi ira milenaria.
Cora y Dan se rieron como dos niños, llevaban años entrenando con ese maestro y para ellos era parte de su familia, no podían recordar la de huesos que se habían roto en ese lugar ni de las risas que inundaban cada entrenamiento, el maestro era duro pero justo.
—Además, siempre te dije que era poco rival para ti —dijo el maestro señalando a Dan —tu necesitas un reto.
Cora no pudo evitar reírse, es cierto que ella siempre solía ganar a Dan en sus peleas pero siempre lo achaco a que él la dejaba ganar, después de todo era su novia y eso le daba alguna ventaja.
—Eh! —soltó Dan haciéndose el ofendido —que aun sigo aquí.
—Bueno, yo me retiro —dijo el anciano —tan solo quería verte para tirarte de las orejas por no venir, espero que vuelvas pronto.
Cora le sonrió feliz de que al menos esa parte de su vida seguía intacta a pesar de todo. En cuanto el maestro desapareció Dan le indico que tenia ropa en el vestuario para cambiarse y él hizo lo mismo. El nerviosismo de Cora aumento mientras se cambiaba, deslizo el vestido y las medias y en su lugar se puso unos pantalones cortos negros y una camiseta de tirante cruzado, unas deportivas fucsias y se recogió el pelo en un moño como mejor pudo. Se miro al espejo, reconocía a la chica que se reflejaba, llevaba demasiado tiempo sin reconocer su imagen en el espejo, cerro los puños, tomo aire y salio fuera.
Dan la estaba esperando en el tatami, el llevaba unos pantalones de algodón ajustados bajos de cadera y con el pecho descubierto desvelando los cincelados músculos de su abdomen que tanto le gustaban a Cora. Trago saliva al verlo y se dirigió a él.
—Veo que aun te gusta lucirte —señaló Cora al entrar al tatami.
—Y veo que aun te gusta mirar como lo hago —contesto sonriendo Dan.
—Bueno, ya estamos aquí ¿vas a decirme que quieres realmente? —pregunto Cora un poco cansada de tantas vueltas.
—Te quiero a ti.
Cora se lo quedo mirando incrédula, cruzo los brazos bajo su pecho y cambio el peso a una pierna.
—Veo que no me crees ¿Qué debo hacer para demostrarlo?
—¿Quién ha dicho que quiere que lo demuestres? —Contesto Cora a la defensiva —además, no te creo ni lo mas mínimo, no después de todo.
—El día de la boda no pude salir corriendo tras de ti, mi orgullo y mi padre me lo impidieron, juro que te odie pero lo que mas me dolió es que no fueras capaz de hablar conmigo.
Cora y Dan comenzaron a andar en círculos sin dejar de mirarse.
—Entonces ya sabes como me sentí cuando no fuiste capaz de decirme que no habíais aplicado la cura a Tara por gusto.
—Eso no fue así, las cosas son más complicadas de lo que tú crees.
—Explícamelo porque juro que cada día intento encontrar una respuesta coherente a porque tu dejarías morir a Tara sabiendo que es mi hermana, intento saber que te ocurrió, pero no encuentro la respuesta.
—¿Si te contesto te iras de esa casa y me darás una oportunidad?
—Aunque quisiera no podría, ya no es decisión mía donde me quedo.
—Así que es verdad, ahora le perteneces a Ren —especulo en voz baja Dan.
—Mismo perro diferente dueño, ya lo sabes —contesto Cora tranquilamente —ahora en serio ¿Qué quieres?
—Ya te lo he dicho, a ti, tú y yo nacimos para estar juntos y no puedo renunciar a eso.
—Te conozco, te he humillado públicamente, cosa pro la que me disculpo, supongo que lo habrás pasado mal en ese sentido, pero no creo que puedas perdonar que te dejara ahí plantado.
—Puedes jurar que te hubiera machacado ese precioso culito que tienes en ese momento, pero he tenido tiempo de pensar, aunque creo que algún alivio de mi parte no me vendría mal —dijo Dan justo antes de lanzarle un puñetazo a Cora directo al estomago que ella esquivo.
—¿Mismas reglas? —preguntó Cora mientras Dan asintió —vale todo excepto dar en al cara.
Cora se lanzo en un ataque contra él dándole patadas y puñetazos los cuales paro en su mayoría hasta que la cogió de una muñeca, la paso por encima de su hombro y la hizo aterrizar de espaldas sentándose a horcajadas sobre ella inmovilizándola con las manos en sus muñecas.
—Dime que me has olvidado porque yo no puedo —dijo Dan cerca de su cara.
—Dime porque si tanto me quieres hubieras sido capaz de hacerme daño de una manera tan cruel.
—¿Eso es lo que necesitas para quererme?¿sinceridad?
Cora asintió.
—A veces la verdad no nos gusta tanto cuando se dice en voz alta.
Cora aprovecho un segundo en que Dan se relajo y levanto la espalda del suelo haciendo que se tambaleara y con una llave rápida se situó encima de él inmovilizándolo con sus rodillas.
—Esto ya me empieza a gustar mas —dijo Dan sonriendo al ver a Cora sobre él.
—Habla, en serio, sino te va a doler.
Dan no pudo evitar reírse y Cora se enfureció tanto que agarro con su mano la entrepierna de Dan, este se excito un segundo antes de que ella comenzara a apretar y el dolor empezara a subirle por la espalda.
—¡Para! —grito Dan dolorido.
—¡Habla! —contesto Cora apretando más.
—Esta bien —contesto Dan y Cora aflojo un poco —de verdad que quiero volver contigo, no podría ser de manera oficial por lo que ha pasado pero quiero tenerte conmigo.
—¿En serio me estas proponiendo que sea tu amante cuando están en juego tus pelotas?
Cora apretó más, el juego había terminado, no creía a Dan, él jamás le perdonaría lo que paso y ella aun debía saber porque paso.
—Hice lo que me dijeron, simplemente Tara no era viable y por eso debía desaparecer y tú debías casarte conmigo.
—¿No era viable? —pregunto Cora sin entender el termino.
—Así es, eso me dijeron, ella no es viable y por eso debe desaparecer fueron las palabras exactas.
—¿Entonces la enfermedad se la provocaron? ¿y la de mi Nana? —pregunto Cora sorprendida pero sin soltar el agarre —¿Quién fue?¿quien decidió que no debían vivir?
—Cora, esto es mas difícil de lo que crees, ellas eran daños colaterales, medio para un fin, déjalo pasar por favor.
—Te he preguntado que quien fue —dijo Cora enfadada a escasos centímetros de la cara de Dan.
—Tu padre.
Cora se irguio quedando palida en un segundo, Dan aprovecho y la tiro a un lado poniendo su rodilla sobre las costillas de Cora que era incapaz de procesar lo que le acababa de decir.
—Ahora tu me vas a decir como ibas a hacerme inmortal —Dijo Dan apretando con su rodilla las costillas de Cora.
—No se a que te refieres.
—Si lo sabes, una vez casados tu padre me dijo que tu ibas a hacerme un mortal inmortal, dime como —exigió Dan enfadado.
Cora tardo unos momentos en procesar todo, Dan no la quería, no la había querido, al menos no como ella había creído, su padre le prometió la inmortalidad a través de ella, pero ella no tenia idea de cómo iba a hacer eso.
—Te mintieron, no se como voy a hacerte inmortal, yo no se nada —murmuro Cora.
—Si lo sabes, tu padre me dijo que tu eras la clave, fuiste creada para mi, mi padre me lo dijo, Tara fue tu predecesora en el puesto pero desde pequeños yo sabia que eras tu la que conseguiría esto.
Cora no entendía lo que decía, parecía que estaba loco ¿Tara era su predecesora?
—¿Por qué Tara dejo de ser tu opción? —pregunto Cora intentado sacar en claro algo de lo que ocurría.
—No lo sé, simplemente cuando éramos niños oí como mi padre y el tuyo hablaban sobre que ella era un fallo mas pero que estaban cerca, ellos pensaban en quitarla de en medio pero entonces se descubrió que nana estaba embarazada de ti y decidieron usar a Tara para doblegar a nana.
—¿Y porque entonces acabo muriendo? —pregunto Cora con lagrimas en los ojos.
—¿Aun no lo entiendes? Ella no murió, la mataron y lo mismo intentaron con Tara, ellas eran demasiado importantes para ti y necesitaban que yo fuera tu único apoyo para que pudieras llevar a cabo tu misión.
—Pero yo no se de que me hablas, te lo juro Dan —Cora empezaba a estar aterrorizada y Dan lo sabia.
Dan apretó su rodilla enfurecido al ver que realmente Cora no sabia nada, lo habían engañado o no le habían dicho todo.
—Tú eres a clave —comenzó a murmurar Dan — yo sé que lo eres, no eres como yo pero tampoco como ellos, algo en ti es diferente, quizás este dentro de ti la clave.
Los ojos perdido de Dan susurraban incoherencias de cómo en el interior de Cora podía encontrar respuestas, se levanto echando todo su peso sobre Cora lo que provoco que rompiera alguna de sus costillas en un crujido que no lo saco de su trance mientras Cora gritaba de dolor.
Dan se dirigió hacia donde tenia su mochila mientras Cora se levantaba lentamente, cuando se giro él llevaba un machete enorme que su padre le había regalado hacia años para degollar a las presas de las cacerías que montaban. Cora se enderezo más rápido y comenzó a suplicarle.
—Dan, en serio, no tengo nada dentro diferente a ti, lo sabes, no tienes porque mirar.
—No, ellos me dijeron que en ti esta la clave y si tuno me la das la voy a coger yo o acaso ¿ya no la tienes?
Cora vio en esa pregunta una salida.
—Exacto, ya no la tengo, me la quitaron y ya no la tengo, no merece la pena perder el tiempo conmigo.
—Se la has dado al maldito Ren Aizawa ¿verdad zorrita? Te has entregado a él y por eso ya no eres especial, era tu virginidad la que te da la inmortalidad.
—¿Pero te estas oyendo Dan? Como mi virginidad puede otorgar al vida eterna,¡ esto es de locos!
Cora estaba asustada, Dan parecía otro, estaba fuera de sí, la había llevado lejos de cualquier protección y parecía que su cabeza volaba sobre el nido del Cuco. Miro a todos los lados buscando una salida pero la única que había era la que estaba cubriendo el chofer/matón de Dan. Miro a una ventana cerrada de doble cristal, atravesarla era su única opción aprovechando que Dan estaba murmurando lo que a Cora le parecían incoherencias mientras jugaba con su cuchillo distraído. Sin mucho mas que pensar cogio un taburete de madera y lo lanzo contra el cristal, el esfuerzo hizo que un dolor desgarrase sus entrañas pero aun así salto detrás de él y salio al jardín de cerezos. Dan la siguió y ella corrió a esconderse tras el árbol mas grueso que vio, gracias a Dios la luna esa noche daba la suficiente luz como para guiar a Cora pro aquel pequeño jardín.
Ella había estado allí millones de veces, había corrido por esos jardines, pero estaba totalmente en blanco, paralizada mentalmente y aterrorizada a cada paso que oía como Dan se acercaba.
—Puedes esconderte pero te acabare encontrando, no tienes muchos sitios a donde ir.
Dan tenia razón, el lugar era un parque abierto situado en mitad de la ciudad y a esa hora dudaba que alguien se encontrara paseando por ahí.
Tenia que pensar algo y pensarlo rápido, cogio una piedra y la lanzo a su lado, a menos de un metro de donde estaba ella, Dan se giro y se dirigió hacia allí pero de pronto se paro en seco y se fue justo en dirección contraria, había caído en su trampa. Cuando vio que estaba lo suficientemente lejos Cora empezó a correr en dirección a la calle, cuando Dan se dio cuenta salio tras ella.
—¡Maldita zorra! Te voy a coger y cuando lo haga…
Dan se callo al ver una patrulla de policía en la acera tomando declaración a una mujer, parecía que la habían atracado. Cora sin pensarlo se dirigió hacia ellos y los ataco, no llevaba identificación alguna y estaba en mitad de la noche sola, no estaba segura de que su historia sobre el próximo gobernador de la raza humana fuera creíble y ante la duda de que la dejaran allí por loca los ataco, esto provoco que Cora recibiera algún golpe en sus magulladas costillas lo que la hizo caer de rodillas mientras los agentes aun sorprendidos por el ataque le esposaban los brazos a al espalda y la metían en el coche patrulla.
Cora respiro aliviada cuando los agentes se montaron para llevarla a la comisaría mientras comentaban incrédulos la situación. Dan se había quedado entre los árboles viendo la escena enfurecido.
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dracanea




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