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Capitulo 17 y 18 de Trilogía Christalidah: Mundos Paralelos

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Capitulo 17 y 18 de Trilogía Christalidah: Mundos Paralelos

Mensaje por Leiram el Lun Ago 15, 2011 9:38 pm

Capitulo 17
Kardian
- ¿Por qué no das la cara? Atrévete. – me grito el pequeño innato, debería estar consciente de que nadie me habla así.
- ¿Qué de la cara? Ya he dado la cara le puedes preguntar a cualquier persona habitante en Christalidah. – dije dando un paso más cerca de él – pero si eso es lo que quieres, hoy me siento bastante generoso.
Me acerqué cada vez más a él, al tiempo que iba disminuyendo la niebla.
- Aquí me tienes pequeño innato. Ahora la pregunta del año es: ¿Qué vas a hacer?
No tenía la menor idea de cómo lograron ocultarme todo esto, pero todos lo van a pagar, uno por uno y la ultima del listado va a ser la princesita que se piensa mas lista que yo.
- Su alteza, que disgusto verla aquí, creía que todos nuestros puntos habían quedado bastante claros. –
- Déjala en paz. – dijo el chico.
- ¿Si no, qué? -
- ¿Quieres comprobarlo? – rugió.
- Eícos – dijo la princesa en modo de advertencia.
- No su alteza, deje al chico expresarse. Te propongo algo, querido Eícos, dejo a Samara irse si tu vienes conmigo. – el chico comprendió de inmediato la noción de mis palabras y en su cara apareció la más aliviada de las expresiones; estaba enamorado de la princesa, un punto por donde debilitarlo.
- Bien… - susurró.
- Eícos no.. – dijo la princesa tomándole la mano.
El chico ni siquiera la miró, era fuerte, no iba a dejar que lo viera derrumbarse.
- ¿Qué acerca de los demás? La familia de Samara y sus amigos. –
- Ellos no me interesan tanto como tú. No te puedo prometer que no va haber un castigo, pero por el momento al único que quiero es a ti, eso les da tiempo para correr. –
- ¿No los mataras? –
- No – mentí.
- ¿Qué me lo asegura? – sonreí, el chico era listo.
- Nada te lo puede asegurar, tienes que confiar en mi palabra, o podemos enfrentarnos y creo que sabes muy bien quien ganara, y si nos enfrentamos la chica no sale viva de esta cueva.. Así que tú eliges. – el chico palideció.
- Está bien, me voy contigo, solo no le hagas daño.-
- Buena elección. –
- Eícos, no. - dijo la princesa con lagrimas en los ojos.
- Estaré bien Samara. –dijo mirándome.
- No lo estarás. –susurró.
- ¿Ya terminamos con las despedidas? – me estaban enfermando con tanto amor, y mucho más cuando era un amor tan parecido como el que yo le profesaba a Tadhilei.
- Si- dijo el chico dando un paso hacia el frente.
- Me alegro. Y tú, mejor será que le digas a tu familia y a tu madre qué no se molesten en correr, porque de todas formas los atraparé. –
- Dijiste que no le ibas a hacer daño - rugió el chico.
- Mentí. – el chico calló a mis pies y la chica se estrelló junto a una pared – Vámonos.


Capitulo 18
Samara

Cuando desperté sentí el dolor más fuerte que he sentido en mi vida, y no me refiero al dolor a causa de la herida que tenía en la cabeza, sino al dolor que se siente cuando pierdes a un ser amado, y era la primera vez que lo sentía, mi padre murió pero yo estaba demasiado pequeña para sentir su perdida, no me refiero a que no lo he extrañado, pero en mi mente ya sabía que estaba muerto y siempre ha sido así, ya me había resignado, pero con Eícos, con el amor de mi vida, era dolor insoportable y mi mente no se resignaba a perderlo, aun sabiendo que no lo volvería a ver, por lo menos no con vida, sentía un vacio en mi alma, como si tuviera un hoyo negro dentro de mi pecho que me drenaba todas las fuerzas y las esperanzas de seguir viviendo.
Mi mente no reconoció que estaba caminando en pie hasta el momento en que entraba al jardín trasero de mi casa, ahí fue cuando entendí en verdad lo que acaba de ocurrir y lo que tenía que hacer para salvar a mi familia.
- ¡Mamá! – grite entrando en la casa – ¡Mamá! –
- ¿Qué pasa? – me dijo uno de los hermanos menores de Eícos.
- ¿Dónde está mi madre Ariel? –
- Esta arriba. ¿Qué te pasó? ¿Por qué estas herida? – preguntó alarmado.
- No es nada, luego te explico – dije subiendo las escaleras.
- Samara… - dijo mi madre saliendo de su habitación.
-¡Tenemos que irnos! – grite.
Mi madre palideció – ¿Por qué? ¿Qué sucede? – preguntó alterada.
En ese instante Gustav y Daniel también salieron de su habitación quedando todos en el pasillo.
- ¿Dónde está Eícos, Samara? – preguntó Gustav luego de estudiarme por un minuto.
-¡Se lo llevó! – estallé. – Gustav endureció su rostro.
- ¿Quién se lo llevó? – Preguntó Daniel dando un paso hacia mí.
- ¿Quién es Eícos? – pregunto mi madre alarmada.
Para el momento ya estaba todos los integrantes de nuestra casa en el pasillo de nuestras habitaciones, excepto una persona, Egglys.
- Es .. es.. – las lágrimas no me dejaban continuar. Gustav tomó la delantera y les explicó lo que mis lágrimas no me dejaban decir, les explicó que era un innato, que nos habíamos visto con él durante meses, que le habíamos enseñado a utilizar la magia y que ahora al parecer Kardian lo había secuestrado.
Todos en la habitación palidecieron, unos se tornaron enojados, otros esperanzados, en lo único que coincidieron fue en mirarnos a Daniel, Gustav, Debbie y a mí con reproche.
- ¿Por qué no nos dijeron nada? – estalló el padre de Gustav.
- ¿Saben lo peligroso que es eso? – dijo la madre de Debbie.
Yo seguía en el medio de todos, pero sin embargo estaba lejos de la realidad, solo podía pensar en lo que le estaban haciendo a Eícos y en cómo había estado dispuesto a dar su vida a cambio de la mía, porque él sabía muy bien lo que le esperaba si se iba con Kardian y aun así fue capaz de hacerlo, solo por mi y por mi familia.
La mención de lo que había hecho Eícos para mantenernos a salvo me dio las fuerzas nuevamente para salvar a mi familia.
- Tenemos que irnos – susurré todavía retraída, pero apenas lo escuche yo - ¡Tenemos que irnos! – grité.
Todos se quedaron en silencio.
- Escúchenme, Kardian nos va a matar a todos, si no nos vamos rápido, no nos está matando ahora porque Eícos ofreció su vida a cambio de la nuestra. Puede que él no lo mate ahora mismo porque querrá llegar a su mundo, pero sabrá Dios lo que debe de estar haciéndole, así que por favor se los ruego, luchemos por nuestra vida, para que su sacrificio no sea en vano. – tomé – Solo luchemos por ella…. – susurré.
Mi madre tomo aire precipitadamente – Esta bien, todos a sus cuartos a empacar lo necesario y nos juntamos abajo en 30 minutos, todos a movernos ahora. –
Inmediatamente solo quedamos mi madre y yo en el pasillo.
- Lo siento mucho, mamá – lloré.
- No sientas lo que hiciste, lo que hicieron todos ustedes, es lo más valiente que ha hecho un ciudadano de Christalidah y por eso estoy muy orgullosa de ustedes, mis pequeños guerreros. – me abrazó con todas sus fuerzas y yo me deje consolar por sus palabras, solo para ser interrumpida con la noticia más inesperada.
- ¡Egglys se ha ido, oh Dios, Egglys se ha ido¡ - dijo Debbie, con un pedazo de papel en sus manos dirigiéndose hacia mí.


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